martes, mayo 08, 2007

Labores de espionaje de E. U. en América Latina han aumentado a niveles como los de la Guerra Fría

John Negroponte, Director de Inteligencia de ese país, lo admitió en entrevista con Time. Con un submarino nuclear interceptan comunicaciones.

Washington, alarmado por el ascenso de regímenes de izquierda o el asentamiento de grupos terroristas en la región, ha decidido ampliar su base de espías e informantes a lo largo y ancho de América Latina.

"Estamos fortaleciéndonos en lugares en los que no hemos estado (recientemente), donde habíamos dejado que las cosas se atrofiaran desde el fin de la Guerra Fría –en América Latina y África–", dijo Negroponte, coordinador de las labores de inteligencia de las diferentes agencias de E.U., como la CIA y el Pentágono.


Esta expansión habría sido ordenada por el presidente George W. Bush y en particular se enfoca en "Inteligencia Humana" (humint), que consiste en el reclutamiento de espías entre ciudadanos de otros países y el envío de nuevo personal estadounidense.

Así mismo, pudo establecer EL TIEMPO, una expansión de las operaciones de interceptaciones de comunicaciones a través de aviones y submarinos. Recientemente, el diario The New London Day reportó el envío de un submarino nuclear, el USS Virginia, en una misión de espionaje en "apoyo de la guerra contra el terrorismo" por la región.

El submarino, que cuenta con capacidad para lanzar misiles Tomahawk y hasta operaciones de unidades comando de los "Navy Seals", estuvo navegando durante 90 días por el Caribe.

"Esta historia es increíble. Construimos un submarino a un costo de 2.400 millones de dólares con capacidades que hacen recordar la Guerra Fría y la primera misión que se le asigna es ir a Suramérica a interceptar conversaciones vía celular", criticaba poco después William Arkins en The Washington Post.

Objetivo

El plan de Bush, que emana de los fracasos en inteligencia previos al 11-S y a la recolección de información falsa sobre armas de destrucción masiva en Irak, busca robustecer el aparato de inteligencia de E.U. en el exterior durante los próximos cinco años.

Algo entendible. Pero la pregunta que muchos se hacen es de dónde surge este renovado interés de E.U. por "infiltrarse", precisamente, en A. Latina.

La repuesta, según expertos, es mucho más sencilla de lo que parece. Desde la perspectiva de E.U., en la región están confluyendo factores que han hecho prender las alarmas: petróleo, presencia de grupos terroristas islámicos en la triple frontera (Paraguay, Argentina y Brasil), el giro a la izquierda que han tomado casi una decena de países, la creciente influencia de naciones como Irán y China y el rol del presidente Hugo Chávez.

E.U., dice Adam Isacson, del Centro para la Política Internacional, había perdido el apetito por la región luego de que su comunidad de inteligencia se vio envuelta en una serie de escándalos en los 90. Las relaciones con Manuel Antonio Noriega, ex hombre fuerte de Panamá, y los nexos con Vladimiro Montesinos durante el mandato de Alberto Fujimori en Perú, dejaron a agencias como la CIA muy desacreditadas.

Pero, especialmente, el caso de la abogada estadounidense Jennifer Harberry en Guatemala. Su esposo, un guerrillero, había sido torturado y asesinado por agentes al servicio de la CIA.

"Ese caso generó gran revuelo pues implicaba a un ciudadano de E.U. Nadie entendía que culminada la Guerra Fría aún se tuviera ‘bajo contrato’ a este tipo de personas. Luego de varios meses de protestas y tras la intervención del Congreso, la administración Clinton optó por cambiar de política, cortando nexos con las redes de informantes que mantenía la CIA", dice Isacson.

Pero en los últimos 6 años, como dice Negroponte, la película cambió radicalmente.

Otra prueba de la preocupación de E.U. y/o su interés por ganarse a América Latina para Occidente es una iniciativa a través de la cual intenta vincular a países de la región, entre ellos Colombia, con la Otan.

Por el momento, se barajan diversas alternativas como promover un asiento permanente para este grupo de países con poder de voto o una especie de vocería en la organización atlántica.

[Fuente: Sergio Gómez Maseri, Corresponsal de el Tiempo, Washington, 26Abr06]

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