lunes, mayo 28, 2007

DESAFIOS DE LA IZQUIERDA: EXPLORACIÓN ADELANTADA PARA APURAR EL MAÑANA

Gerson Martìnez, Diputado del FMLN
Asamblea Legislativa de El Salvador

Intervención en el Foro Regional América Latina sobre la Reinvención del Gobierno, Brasilia, del 2 al 4 de mayo 2007


En ocasiones -y a veces por largo rato- a los seres humanos nos hace falta sabiduría y nos gobierna la arrogancia. Entonces nos salta justo en medio del camino el riesgo de volvernos esclavos de nuestras propias palabras.

Y esas curiosas criaturas infectadas de sueños, los hombres y mujeres de izquierda, no somos ni de cerca inmunes a esa dolencia. Al menos mientras conservemos la conciencia de nuestra silvestre condición humana. A fin de cuentas somos por esa misma condición, falibles.


Por eso es que ruego a todos ustedes tomar nota de que si bien mis palabras entrañan una convicción bien profunda, son enteramente abiertas y experimentales como reclamaría cualquier realidad en su porfiado movimiento. No vengo, ni lo quiera Dios, con pretensiones pontificias, pero revolucionarias, eso sí, en la parte actitudinal, asumiendo de tajo que no tenemos todas las respuestas y que por el contrario estamos obligados a aprender a formularnos las preguntas correctas para trabajar sobre ellas y asestar en el aro, la esfera de la victoria.

Hay que caer además en la cuenta de que cuando de procesos sociales se trata, surgen preguntas-respuestas que son puramente coyunturales, en cambio hay otras que son desafíos generacionales, como en estos tiempos.

Después de todo, aquello que escribimos o decimos es tan sólo una aproximación a la realidad. Reivindico entonces para todos el derecho que nos asiste a equivocarnos y el deber que también tenemos de corregir.

Hay que felicitar a los organizadores de este encuentro, porque somos un país que expresa una verdadera sed de la cultura de la reflexión integral, de la discusión franca, del debate sustanciado, crítico pero desprejuiciado.

I. ¿ES PERTINENTE UNA DEFINICIÓN DE IZQUIERDA?

La pregunta es verdaderamente ociosa porque la derecha no ha dudado un momento sobre su pertinencia para imponer los inicuos intereses que representa, no ha dudado sobre su propia definición y existencia.

· ¿Por qué, entonces la izquierda ha de hacerlo?

· ¿Por qué, si las causas que la explican, dan origen y le nutren, ahí están?

· ¿Por qué, si es preciso remontar la exclusión, la pobreza y la explotación?
· ¿Por qué, si vivimos en la región más desigual del mundo?

· ¿Por qué, si es imprescindible y además es posible erradicar las desigualdades ilegitimas y aberrantes?

· ¿Por qué, si el pueblo, el conjunto de las fuerzas patrióticas, democráticas y cristianas catalizadas por la izquierda hicieron posible la primera gran utopía de terminar con el militarismo?¿Por qué, si aquí muy cerca, en nuestras propias vecindades, en los solares de esta gran patria latinoamericana, las pulsiones sociales y la realidad insumisa está produciendo cambios y vientos en la dirección que apunta nuestro propio velero?

• ¿Por qué si estamos cerca y el país necesita democracia sin hambre?

• ¿Por qué, si la estructura de poder, la maquina de la indigencia lo está presintiendo?

• ¿Por qué, si el ogro avariento, el que desencadena esa diáspora de salvadoreños por el mundo, percibe el remezón bajo sus pies de arena?

• ¿Por qué, si no se nos agotan las ganas de luchar por todo aquello lo que nos parece justo?

… Entonces sí es pertinente una clara definición de izquierda y una sostenida reafirmación. Ser de izquierda es remar siempre hacia delante, estar siempre del lado del débil, de las causas justas, pero con una propuesta alter-programática y asumiendo el deber de buscar el sentido de la posibilidad al cambio social, al cambio alterativo.

II. ACERCA DEL POSICIONAMIENTO HISTORICO.

Hace algunos años aparecieron en escena algunos profetas decretando la caducidad y por tanto la ociosidad de las categorías izquierda-derecha. Pero curiosamente llegaron a tratar de convencer a la izquierda que aceptara su propia obsolescencia, decretada así por los amos del mundo y su maquinaria ideológica, a fin de ganar tiempo y débiles conciencias para intentar consolidar el reino de la derecha neoliberal. La izquierda sin embargo, pese al vértigo de los acontecimientos y a ciertos aturdimientos, no se dio por aludida.

Pero gracias a la providencia que es muy grande, frente a esa izquierda obcecada surgieron hace unos años dos caballeros británicos ofertándonos la tercera vía, una receta convenientemente rotulada como centroizquierda.

Desdichadamente por estos días, el adalid político del tercer camino, el honorable Tony Blair, se encuentra de salida, el mismo 30 de Junio en que habrá de largarse del B.M. el gran halcón herido por el arpón de la critica pública, su buen amigo de cruzadas y andanzas, el Sr. Paul Wolfowitz. Se nos va el Sr. Blair, no sin antes alfombrar Bagdad y Afganistán, aunque no precisamente con pan.

Menos mal que la tercera vía postulaba “una política sin adversarios”.

Después de todo, nadie pasa inadvertido que la botica del tatcherismo se vendió mejor sin el bordón de su progenitora.

Pero el Proyecto Blair, no el de la bruja de Blair, sino el de la tercera vía está en ruinas, desnudado tal cual es: tan sólo “una racionalización para un compromiso político entre izquierda y derecha, en el que la izquierda se acerca a la derecha” o en el que una fallida (o fallecida) izquierda se troca en su opuesto.

No son las fuerzas progresistas entonces, las que debemos aprender de la tesis de Blair, sino la derecha; ya que más allá de sus fuegos artificiales es una etiqueta del pragmatismo codificada en una clave del más frío y banal tardoliberalismo.

Por eso tiendo a coincidir con Carlos Fuentes en que “Lejos de disolverse en la euforia del capitalismo triunfante, la significación de derecha e izquierda se hace cada vez más neta… pero donde la distinción entre izquierda y derecha se vislumbra más necesaria, es en nuestra América Latina”

III. ¿CÓMO DEBE SER LA IZQUIERDA?

La izquierda por definición debe ser una izquierda laica, movida siempre por una tentación profana, inventiva y creativa, no confesional, ni clerical, porfiadamente idealista, no en el sentido de los extravíos filosóficos, sino en su apego a sus altos idearios, como también a la ética de las convicciones de la que nos habla Max Weber.

Y no obstante que comulgo en un 100% con la idea de Rousseau de que “Ahí donde el hombre cometió un sacrilegio, avanzaron las ciencias”, no creo sinceramente, que nos debiéramos reconvertir a una fórmula plastificada o a la versión Light, como se dice, y por lo demás históricamente desmemoriada. Mejor la izquierda cimarrona y montaraz, pero auténtica y como tal abierta a los valores, experiencias y enseñanzas de la época y del mundo, devota de la recuperación de los nutrientes de su propia historia... en un perseverante refrendamiento de su identidad.

Pero de una cosa estamos seguros, que una izquierda que no es capaz de remozarse sustantivamente, poniendo su automovimiento en función de sus visiones y objetivos, pierde su condición de izquierda.

Cuando me inicie en los días de secundaria, recomendaba a los compañeros de la guerrilla y del MERS que atendía, ir a ver “Siete Hombres al Amanecer”, una producción que nos habla de la epopeya escrita por siete combatientes que se inmolaron contra las hordas fascistas en el centro de Europa.

La sigo recomendando, pero también creo que asimismo debemos todos ver “El Último Samurai”, que nos dice de hombres enraizados en sus hondas tradiciones, inflamados de honor y fieles a sus principios y a sus formidables espadones, pero que se resistieron a modernizar sus armas… heredándonos nada más que su hermosa leyenda.

Del otro costado, una izquierda que postula y se sumerge en las túrbidas corrientes del pragmatismo, quizá no abdique políticamente, pero pierde su condición de izquierda. Puede ser electoralmente alternante, pero sin calidad alternativa.

Y no estoy recomendando la esclerosis múltiple. Creo más bien que si la realidad se mueve y el mapa mental que yo tengo de ella no se mueve. Entonces me esquematizo y pronto me dogmatizo. A menos por supuesto, que aceptemos que la realidad no se mueve.

Porque si la ciudad en que vivo cambia y se altera su topografía, cambian sus calles, sus edificios, sus ríos y su gente. Entonces, ¿Qué debemos hacer?. ¿Mantenemos el viejo mapa de ella para orientarnos? ¿O hay que renovar los trazos de nuestros mapas conceptuales?.

Pero mi reflexión no termina ahí. Vamos a la otra cara. Si la realidad en que vivimos cambia pero no estrictamente por el inocente efecto de la lluvia, ni sólo por la voluntad y el interés de la gente, sino por la acción deliberada, por el concentrado poder de decisión de las elites, entonces (como es el caso de nuestro país) la continua modificación de la realidad no es inocente y neutra, sino en gran medida torcida en favor de minúsculos y excluyentes intereses. Entonces surge otra pregunta, ¿Lo que hay que hacer es un acomodamiento acrítico a esa realidad? ¿O usamos una hojita de parra haciéndole, a los conglomerados oligopólicos, una amonestación quedita para que no hagan olas?

En síntesis, creo que la izquierda para salir avante de la tormenta debe actuar siempre con la firmeza del roble y la flexibilidad de la palmera. Sentido práctico, capacidad de giro, no pragmatismo.

Mientras hacemos la disección al neoliberalismo, sería también útil dedicar un tiempo, armarse de coraje y del bisturí teórico-analítico para terminar de hacer el reconocimiento y la autopsia a los infartados regímenes de Europa del Este y sacar nuestras propias conclusiones. Aunque ese muerto no sea de nosotros.

Pero en definitiva, una verdadera prueba del ácido es el posicionamiento de la izquierda frente a temas cruciales: la globalización neoliberal y la indispensable inserción internacional de nuestra economía, las privatizaciones y las contra reformas neoliberales, el tema del autoritarismo, el papel del Estado, la exclusión y la pobreza, la sustentabilidad y el medio ambiente, el tema de la población y poder de decisión, el tema de la propiedad y el interés social, las relaciones de dominación de clase, de género y de edad, la apuesta al conocimiento, la democracia, la equidad y el crecimiento de la riqueza nacional, entre otros.

IV. OTRA VEZ SOCIALISMO O DEMOCRACIA.

Esta es una falsa disyuntiva que contiene siempre una trampa. Programáticamente, hay que reafirmar el carácter INESCINDIBLE del Socialismo y la Democracia, unidos por un denominador común: el empoderamiento de la gente y la calidad de vida de la gente. Tanta democracia y tanto socialismo como el pueblo quiera, sustentados en una matriz propia del desarrollo, la prosperidad sustantiva, integral y equitativo-incluyente, la solidaridad y la libertad.

A decir verdad, bajo nuestro ideario, definir la democracia como socialismo o el socialismo como democracia es una tautología o algo ciertamente redundante. Lo que debemos edificar algún día en El Salvador es un socialismo profundamente democrático-participativo, alumbrado por la construcción teórica pero que se alimenta de la vida.

Para ganar viabilidad no hace falta renunciar a ese horizonte de una sociedad esencialmente mejor y distinta, a la convicción de que la sociedad que hemos conocido es superable y sustituible por una sociedad más justa, urdida no por inexorables leyes que de todas maneras habrán de cumplirse, sino mediante su edificación y modelamiento, merced a la libre, autodeterminada y conciente voluntad y acción de personas de carne y hueso, de pelito chirizo, a quienes les gustan las pupusas, el fútbol y los elotes locos.

Aspiramos a una Democracia sustancial e integral, política, económica y social, en un país que no es propiamente democrático, que vive bajo lo que Juan Pablo II llamó el capitalismo salvaje, ensombrecido por un poder desnacionalizado y anexionista, bajo un régimen autoritario, patriarcal, eco-cida y adultocéntrico. Nosotros queremos para El Salvador una Democracia multipilar, soportada en sólidos basamentos como los de:

1- Igualdad
2- Diversidad
3- Participación
4- Libertad
5- Solidaridad
6- Justicia
7- Equidad

Es la alternativa de un poder democrático participativo frente al poder concentrado que hoy tenemos. Es el desenmascaramiento de la hipocresía de la participación bajo una brutal concentración del poder.

Estamos comprometidos por la construcción de una democracia genuinamente representativa pero que abra preferencialmente el espacio para los no representados o subrepresentados, los plenamente desposeídos de poder de decisión.

Una Democracia de este tipo está llamada a ser un factor clave para la superación de la exclusión, la desigualdad y la pobreza.

Toda vez que se comprenda que sin Justicia Social y sin un Sistema Judicial independientemente y honesto, que hoy no existe, aún más, la democracia política es un juego de apariencias. Aún más cuando nos hallamos actualmente frente a un fallido Estado del Derecho.

V. EL DESAFÍO DECISIVO

El desafío esencial de la izquierda probablemente sea el desafío de la eficacia. El de la capacidad de unir acertadamente sus grandes sueños a la intrincadísima agenda hacia el desarrollo, de alterar las relaciones de poder para propiciar la producción de prosperidad y riqueza, socialmente compartida y equitativa, dentro de una progresión democrática.

El desafío de elevar la calidad del pensamiento y de la praxis de la izquierda, medida por el rasero de sus resultados e impactos concretos, es decir, por la calidad de respuesta a la realidad, sea como protesta, sea como propuesta. Abanderar soluciones concretas a los problemas concretos bajo la irrenunciable idea del cambio alternativo y alterativo que le imprima sustentabilidad, profundidad y largo aliento.

Hay que encontrar, hay que producir el eslabón perdido, ese link, ese enlace, entre nuestra visión estrategica y lo real concreto, que naturalmente comprende las expectativas sociales y políticas de la gente.

Pensar sin rubor y proclamar sin temor la necesidad y la posibilidad de una sociedad mejor. Desde una visión integrada de país, en la que los pobres y los excluidos son el alfa y omega, el principio y fin del proyecto democrático de la izquierda, desde un enfoque incluyente y no excluyente de todos los sectores nacionales. Ello exige ponernos en frecuencia con el imaginario popular y reivindicar el derecho del pueblo a soñar con el pan, el empleo, el salario justo, la vida digna, es decir, su derecho humano a soñar inclusive con aquello que el sistema le ha negado y que no puede ni le quiere dar.

¿Tiene que ser un programa de la izquierda para la izquierda?

Pensamos que debe ser un programa nacido de la convocatoria a una amplia y diversa conjunción de fuerzas, a la deliberación en común y a la elaboración en común.

Postular de entrada, las tres grandes redistribuciones necesarias:

1- La redistribución del ingreso
2- La redistribución del conocimiento
3- La redistribución del poder de decisión.

Habrá que explorar por supuesto, nuevos patrones redistributivos.

Necesitamos trascender de la economía de las elites del mercado a una economía social, solidaria, de amplia base y plural sustentable para la vida.

VI. EL NUEVO PRÍNCIPE

El mercado está siendo elevado a un sacropoder y a principio básico de reordenación de la sociedad. Tal es el nuevo príncipe. De tal suerte está operándose el paso de economías de mercado a sociedades de mercado. Lo que nos confronta con una mercantilización de una variedad de relaciones sociales, donde el ámbito de lo público tiende a ser determinado por el mercado y cada vez menos por la política que emana del campo de lo político, que cada vez más pierde su anterior centralidad.

Los poderes del mercado tienden a gobernar más, arrinconando progresivamente al gobierno a una gestión pública puramente gerencial. De ahí la patología administrativista del Estado en relación con el desempeño de las políticas públicas. Renunciando paulatinamente a lo que debería ser una gerencia política con un soporte técnico - administrativo, como debiera ser.

VII. ESTADO - MERCADO Y SOCIEDAD.

Sigo escuchando entre los economistas y en distintos foros, inclusive entre las izquierdas del continente que hay que definir posición en relación a la antinomia Estado- mercado. Pero si bien debemos aceptar que este no es un falso dilema, sino que existe y es crucial. Hay que advertir que la ecuación está incompleta porque le falta un factor. Lo que hay que definir es la relación Estado-mercado y sociedad, estado- mercado y población. En la que el tercer elemento, referido a los seres humanos, es el más importante y que debe imprimir su sentido a los otros dos, al Estado, al mercado y también a la política.

Frente a la propuesta que, desde la tercera vía hace Anthony Giddens, de buscar un equilibrio entre “gobierno, economía y sociedad civil” para lograr un “orden mundial saludable”, las fuerzas democráticas y progresistas desde la izquierda debemos perseverar reafirmando al ser humano, al pueblo como el centro. Para poner al Estado, al mercado y a la política al servicio de la gente y no al revés.

Dicho esto, hay que dejar las cosas bien claras, aquí no se trata de aceptar o no aceptar al mercado. Se trata de asumir el interés nacional y popular de fortalecer el mercado interno y de lograr un acceso de nuestros productores al mercado global en los términos de un comercio justo.

Lo que estamos planteando en buen cristiano es el fortalecimiento del mercado doméstico en función de la gente y del desarrollo del país, pero un rechazo al mercantilismo, lo mismo que a los condicionamientos impuestos por la globalización neoliberal, lesivos a los intereses nacionales.

VIII. SOBRE EL ROL DEL ESTADO.


El Estado tiene un rol estratégico como agente del desarrollo, para imprimir una orientación general hacia el predominio de lo social.

El Estado no debe imponer relaciones de dominio al ciudadano, ni declinar de sus grados de representación de los intereses públicos, en favor de las elites del mercado, tampoco sustituir al mercado, sino cogestionar al mercado, regular su actividad, ya que mercados no regulados dan lugar a monopolios desbocados.

Y es que el comando de la economía es demasiado importante para los destinos del país y de su gente, como, para dejarlo en manos de 10 o 12 grupos.

Ciertamente el Estado aislado no es una nodriza de la cual se alimentaran la igualdad, la inclusión, la equidad, la libertad, la solidaridad. Pero la verdad es que sin ciertos niveles de intervención del Estado, para prevenir o remediar las injusticias de las ciegas fuerzas del mercado no sería posible la convivencia y el bienestar humanos.

En resumen la izquierda debe pronunciarse por la primacía de la gente, del pueblo como titular de la soberanía y rechazar el brutal sometimiento del ciudadano, de la población, al Estado o al mercado, anverso y reverso en el subyugamiento político y económico.

IX. FINANCIAMEINTO DE LAS TAREAS DEL DESARROLLO

Aunque la política fiscal es una cuestión vertebral respecto al financiamiento de las tareas del desarrollo, aún más cuando en El Salvador, después de la dolarización, el Estado no cuenta con política monetaria, cambiaria ni crediticia para influir en la macroeconomía, sino con una sola herramienta que es la política fiscal.

Con todo y eso, la izquierda tiene que trascender de la propensión fiscalista, porque circunscribirse sólo a ella estaría expresando una orientación estatista, por lo demás equivocada, ya que el Proyecto de Desarrollo del país requiere del ahorro privado y del ahorro público, base para la inversión privada y para la inversión pública. Sin ambas no hay desarrollo. Asumir esto, tiene implicaciones programáticas y estratégicas que deben procesarse.

De vuelta al plano estrictamente fiscal, hay que consignar que de no elevarse gradual pero sostenidamente 7, 8 o 10 puntos la carga tributaria respecto al PIB no podría el Estado hacerle frente a temas relevantes como los del alivio y erradicación de la pobreza.

Al Frente naturalmente le interesa no sólo la elevación de la carga tributaria/PIB, sino como se va a distribuir esa carga tributaria. Pero antes que nada, lo que interesa a la población es a qué objetivos y metas sociales va a servir. Por ello mismo, el FMLN ha propuesto una Reforma Fiscal Integral para el Desarrollo Humano, proyectada en un horizonte de mediano y largo plazo. La cual debe tener en el centro el rol redistributivo del Estado, es decir, el de una política social multidimensional y activa, bajo una orientación redistributiva sostenible.

Nuestra propuesta es una política fiscal de cinco carriles, lo que significa una nueva política por el lado del gasto para elevar la calidad y el rendimiento social neto del mismo, de igual manera que por el lado de la inversión y el ahorro públicos, la reforma tributaria y también de una política de endeudamiento público para apalancar la inversión aplicada al desarrollo.

Pero ninguna política macroeconómica es neutral. Por ello es preciso que todos asumamos que la política fiscal será siempre una expresión financiera de la correlación de fuerzas.

X. ¿CUALES SON LOS RETOS QUE TIENE LA IZQUIERDA EN RELACIÓN AL MANEJO DEL PODER DEL ESTADO?

El primer reto es tratar de entender, hoy en día, el acertijo del poder:

1. El influjo de la globalización mercadocentrica que está descompensando a nuestros fragmentados estados-nación, trastocando la soberanía y alterando las coordenadas de la política y del poder, condicionando efectivamente y reduciendo, mucho más que en el pasado, los márgenes del gobierno.

2. El dislocamiento del poder hacia el mercado y la concentración corporativa del mismo en manos de los grupos que dominan la economía, con la consiguiente invasión de la esfera de lo público por el mercado, la redistribución negativa del ejercicio de la política y la reducción de la capacidad reguladora y redistributiva del Estado. Afectando en resumidas cuentas su papel como agente del desarrollo.

Con mayor razón se necesita ahora una izquierda madura con vocación transformadora y, en función de ello mismo, con una mentalidad y una agenda de poder.

¿Pero de donde debe hacer la izquierda acopio de poder?

1- Convocando el poder de la gente, desatando sinergias y sus expresiones torrenciales, en primer lugar.

2- Desarrollando una política de alianzas consistente, amplia y creativa que reúna, movilice y reconozca los intereses legítimos de todos los afectados por las políticas economicidas, bajo un programa y una estrategia política y no bajo presupuestos primordialmente ideológicos.

3- Organizando a las comunidades desde lo local para enraizar y configurar el poder ciudadano.

4- La elevación de la lucha parlamentaria para servir efectivamente a la población pero también para convocar las más amplia correlación de fuerzas para el cambio.

5- Fortaleciendo al partido, desarrollando su musculatura organizativa y su enraizamiento en el pueblo, su unidad interna, procurando el acierto político de sus decisiones, discursos y conductas, pero al mismo tiempo convocando al rearme moral de su militancia y base de sustentación, para dirigirnos al triunfo.

A esos fines la izquierda debe ser ella misma la diferencia. Marcar distancia de la lumpen-política de las derechas y hacer su crítica conductual y discursiva de esa política convencional que ha devenido en el arte de la simulación y en el congelamiento virtual de todas las reglas de la honradez.

La izquierda es la que debería realizar las tres unidades de la política para cambiar la política, esto es:

1. Unir la política al conocimiento.
2. Unir la política a la ética pública.
3. Unir la política al pueblo.

Y sus cuadros formarse, especialmente los jóvenes, elevando los tres coeficientes indispensables de los liderazgos del futuro:

1- Cultivar el coeficiente intelectual.
2- Un alto coeficiente emocional.
3- Un altísimo coeficiente ético.

XI. MENSAJE PARA CORTAR EL PASO A LOS NEOLIBERALES.

El archipiélago social, la tendencia a la micronización de los movimientos populares, las tendencias centrifugas en el seno del pueblo y de la izquierda y el darwinismo político no son el camino.

De las filias y las fobias quizá haya que hacer un ajuste de cuentas con nuestras fobias y nuestros desencuentros… y tal vez un tratamiento freudiano a uno que otro de nuestros fantasmas interiores.

Reconvoquemos todos, cada quien con su propia camisa y su propia canción. Rehagamos los corredores y los posibles puntos de encuentro, los nuevos lugares de contacto. Ya que para alumbrar esta dura noche que sufre la gente se precisa una constelación de fuerzas.

Los coyunturalismos son siempre malos consejeros, pero los inmediatismos electoreristas son la más eficiente forma de extraviar el camino. Responsabilidad, responsabilidad y más responsabilidad. Ya que si los egoliberales se repiten otro período llegarían a los 25 años en el gobierno, lo que es casi el doble de lo que duró la dictadura del General Martínez…pero no va a suceder.

¿O será que importa más de qué color es el gato?, ¿O lo que importa es que el gato cace ratones para sacar a esos roedores del gobierno en el año 2009?

Replanteémonos entonces nuestros desacuerdos de Paz si todavía los hubiere y tratemos de encontrarnos en puntos programáticos, temas de agenda social y política, trazos de estrategia y de táctica. Aunque no coincidamos en todo, porque no es necesario, trabajemos una articulación no precisamente teológica, sino teleológica y tal vez metodológica.

Después de todo en la Isla de Utopía, la de Santo Tomás Moro (1516) reinaba la tolerancia religiosa ya que consideraba insolens e ineptum pretender que lo que alguien creía como verdadero fuera adoptado como la creencia de todos.

El camino y la estrategia y sus grandes objetivos son más altos que nuestros errores y que cualquier prejuicio. Siempre serán oportunas estas breves palabras de Bolivar :
“Compatriotas, escuchad mi voz al terminar mi carrera política; a nombre de Colombia os pido, os ruego que permanezcáis unidos, para que no seáis los asesinos de la patria y vuestros propio verdugos”.

No hay vuelta de hoja, hay que abrir el compás. Pero, ¿Hasta donde abrir el compás?. Conjuntémonos todos con la multivariedad de fuerzas golpeadas por el régimen, que adversan las medidas neoliberales y que apoyan el cambio.

En fin, hay mucho que remar y habrá que hacerlo con más fuerza. Pero ahora estamos más cerca y remando todos hacia el mismo punto estaremos muchísimo más cerca.

No hay tiempo que perder. Hay que viabilizar la victoria democrática y popular, y socializar las tareas de la mañana siguiente, para seguir avanzando cada día con más remeros, en distintas posiciones, tonalidades y estilos, pero como dicen los maestros de la sinfónica, todos a su modo pero en una sola sinfonía.

Vamos tomándole el pulso al tiempo social. Porque quizá el mañana pueda estar comenzando hoy.


San Salvador, 23 de mayo 2007

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