sábado, agosto 19, 2006

Sudamérica: las heridas de las dictaduras siguen abiertas

Redacción Central, 18 ago (PL) La muerte de Alfredo Stroessner reabrió el debate en Paraguay y otras naciones sudamericanas que sufren aún las consecuencias de las dictaduras militares y, en particular, del siniestro Plan Cóndor.

Stroessner se convirtió el miércoles en el segundo presidente fallecido de los que intervinieron directamente en esta región en las acciones coordinadas por los servicios secretos de las dictaduras para eliminar opositores en los años 70 y 80.


El ex mandatario boliviano Hugo Banzer murió de cáncer antes, en 2002, y dejó una traza de más de 200 muertos, 19 mil 140 exiliados y 14 mil 750 arrestados durante su régimen.

Seguido en silencio sólo por unas 40 personas, fundamentalmente familiares, Stroessner fue enterrado el jueves en Brasilia, donde vivió exiliado los últimos 17 años de su vida.

Lo recuerdo en memorables imágenes a bordo de un automóvil descapotable junto al llamado Carnicero de Santiago, Augusto Pinochet; entonces militares todopoderosos. Stroessner, con su sonrisa simulada o detenida, su mirada esquiva, frecuentemente perdida.

El ex dictador no sobrepasó un paro cardíaco causado por un fallo múltiple de órganos, tras ser operado de una hernia inguinal que fue seguida de una neumonía.

La noticia incitó las controversias y mostró la antipatía de un gran sector de la sociedad paraguaya que, aún después de muerto, lamenta que no se haya podido juzgar y condenar.

La Cámara de Diputados levantó la víspera su sesión como consecuencia de las discrepancias a partir de un pedido del parlamentario Juan Vicente Ramírez (del gobernante Partido Colorado) para dedicarle a Stroessner un minuto de silencio.

El ex general "tuvo luces y sombras, pero más luces que sombras", exclamó un minuto antes de que los legisladores se retiraran en masa del plenario.

Los supuestos seguidores de los dictadores provienen más del temor que infunden o de las prebendas que reparten, replicó Alcibiades González, un escritor paraguayo que conoció en carne propia los horrores de las cárceles stronistas.

El Partido Liberal Radical Auténtico (segunda fuerza política de Paraguay) emitió un comunicado en el que consideró como un "triunfo de la impunidad" la ausencia de una condena contra Stroessner.

Esta muerte debe ser un recordatorio "para hacer accesibles los archivos secretos de organismos de seguridad y apoyar el trabajo de la Comisión de Verdad y Justicia", advirtió Amnistía Internacional desde España.

La organización pidió al gobierno de Paraguay que proteja los "Archivos del Terror" y acelere las investigaciones sobre violaciones de los derechos humanos.

En Chile se comenzó a cuestionar esta semana qué hacer con su propio ex represor, Augusto Pinochet, de 90 años, cuando fallezca.

Según una investigación oficial difundida en 1991, durante esa dictadura murieron tres mil 197 opositores, de los cuales mil 197 son detenidos-desaparecidos.

En este caso la caja de Pandora se abrió cuando el comandante en jefe del Ejército, Oscar Izurieta, considerara que "mientras no haya una sentencia condenatoria, Pinochet tendrá derecho a todos los honores".

Medios radiales, mientras tanto, dedicaron diversos espacios a preguntar a los oyentes su opinión acerca de la conveniencia de hacer un funeral de Estado para el ex gobernante de facto.

No fueron pocos los que pidieron "el mismo trato que Pinochet le dio a los opositores: muerte y una tumba desconocida".

Sobre Stroessner, la indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992, aseguró que será recordado con vergüenza como responsable de matanzas terribles.

"Tengan por seguro que los genocidas no van a ser olvidados: la naturaleza recicla de vez en cuando y entonces habrán nuevos dirigentes que crecerán y se avergonzarán de estos dictadores", dijo.

"A mi padre lo torturaban colgándolo de los pies como una res en las mazmorras de Alfredo Stroessner, luego de que lo detuvieran en una redada contra campesinos", relató Teresita Asilvera, al recordar el calvario de su familia durante la dictadura paraguaya.

Al régimen se le imputa unos 900 asesinatos, 200 desaparecidos, millares de presos políticos y más de un millón de exilios forzados.

Otras miradas van a parar a Argentina, donde el ex dictador Jorge Videla, de 80 años, está encausado con prisión preventiva, acusado de "privación ilegal de la libertad y asociación ilícita".

El ex presidente (1976 y 1981) fue condenado a cadena perpetua en 1985 en el histórico juicio a las juntas del gobierno de facto, pero luego fue indultado por el ex presidente Carlos Menem en 1990 y arrestado nuevamente en 1998 acusado por robo de bebés.

Entretanto, en Uruguay, el ex gobernante Juan María Bordaberry está sometido a la justicia por su responsabilidad en los asesinatos de dos legisladores opositores e igual número de militantes tupamaros en 1976.

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