viernes, julio 28, 2006

No hay dos izquierdas

Un artículo de Jorge López Ave

Los hacedores del actual lenguaje han acuñado conceptos adheridos a lo políticamente correcto, que no dejan de ser paradójicos, cuando no repugnantes. En cualquier caso, siempre destinados a la contaminación ideológica del conjunto de la sociedad. Según ellos, existe una izquierda buena, moderna, respetuosa y acorde con los tiempos; y otra radical, extremista, profanadora de la democracia, que nacen de alboradas revolucionarias y que se ubica en el pleistoceno.

La primera esta representada por Lula, Bachelet, Clinton, Zapatero, Craxi, Alan García, o Blair, que gozan del sello de legitimidad, quizás porque jamás han hecho nada que altere los paradigmas del capitalismo. Su accionar es bien acogido en el sacro santo mercado, ya que sus políticas económicas se mueven en un terreno perfectamente dirigido por los grandes emporios, donde su única función es atraer inversionistas (que no explotadores imperialistas), que haya paz social (que no acuerdo de clases) y que los grandes números reflejen crecimiento económico (que no beneficio empresarial).


El sistema recurre a esta mal llamada izquierda cuando las movilizaciones populares contra el neoliberalismo, practicado por gobiernos de derechas, hace aguas por todos lados y hay riesgo de cambios profundos y radicales. Suele ocurrir, que llegadas estas instancias, los poderosos, inclusive con forma de organismo internacional, recuren a esta izquierda que practica buena letra, para frenar revueltas o apaciguar demandas sociales y para ello ejecutan un guión perfecto que se maqueta en alguna agencia de publicidad al uso. Cambiar sí, pero nada más que las formas, las sonrisas y el aspecto físico de los que gobiernan. En el fondo se trata de dar a las personas que fueron protagonistas de las grandes movilizaciones, algunos argumentos para que vean en ese nuevo gobierno, al que etiquetan de progresista, una idea firme: estos son mejor que los de antes, y esto se convierte en una tesis definitiva que esconde la clásica resignación conservadora: éstos son lo menos malo, lo posible, la otra izquierda es una utopía, bueno, tiene cosas interesantes, pero restringe un poco la libertad, y esos cuentos sacados del medio de desinformación más influyente (por supuesto también progresista). Este tipo de gobierno se vende como un gran logro popular, lo que trae consigo la parálisis del tejido social, que jamás peleará contra sí mismo, por miedo de que vuelvan los peores.

La jugada es casi perfecta. Cada vez que una persona activa y critica cede y piensa así, el sistema ha logrado una victoria, que a seguro es festejada brindando con un cóctel en alguna embajada o club empresarial rodeados de cámaras, flashes y sonrisas de satisfacción. Eso sí, todo envuelto en modernidad.

Para dolor de cabeza de los anteriores, para martillar sobre sus conciencias y sus desmemorias, existe la izquierda. Resistiendo calumnias y agravios, con nombres imprescindibles y algo mitificados (admitámoslo), esta Fidel, Chaves, Evo Morales, encarnando la dignidad que da erosionar cada día un poco más al capitalismo, desnudándolo para que lo veamos con sus terribles vergüenzas. Enseñándonos la trinchera de lucha de la izquierda, poblada por millones de personas que, lejos de ver la razón primera y última de la existencia de la democracia en el voto cada equis tiempo y en el alejamiento programado de las gentes de la cosa pública, buscan en la participación, el debate y la implicación permanente, la forma de hacer practica la democracia y con ella la izquierda. Pero también indicándonos dónde y quién habita la trinchera enemiga, esto es, neoliberales, fascistas de todos los pelajes, ex que han sucumbido a la seducción de los sillones bien remunerados propuestos por el sistema, y los neo servidores vestidos con ropajes izquierdosos pero con lenguaje al uso, ya saben, la táctica, el no es el momento adecuado, la teoría esta bien pero hay que resolver cosas cotidianas y eso no se hace con frases hechas, hay que avanzar con acuerdos, etc. Seguro que este vahído lo han escuchado más de una vez, viene de la trinchera enemiga. No nos engañemos más.

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