jueves, junio 21, 2007

El Salvador: ¿Una catedral militar?

Co-Latino - Opiniones
Carlos Girón S.

¿Desde cuándo los militares son santos? Es la pregunta que todos los fieles que acuden a los oficios religiosos en iglesias católicas y las reuniones en los centros evangélicos se hicieron de inmediato al enterarse del desplegado noticioso de que el Ministerio de Defensa se propone construir una catedral militar.

El pueblo en general ha tomado la noticia como una broma negra, que hace reir a la par de evocar el espectro de la muerte, que podría ser el símbolo de los militares.


Dice la gente que en las iglesias y catedrales se honra y venera a Dios y los santos, no a Marte, el dios de la guerra. Recuerdan además que no hay ningún santo dedicado a exaltar y santificar la guerra, es decir, la muerte y la destrucción.

Recuerdan asimismo que los militares no son educados precisamente para alabar a diario a la Divinidad y a la Naturaleza; es decir, la Vida y sus hermosas manifestaciones, sino a exaltar el sentimiento de la muerte y la destrucción.

Los religiosos en general tal vez habrían visto menos grotesco que se anunciara la edificación de un pequeño templo que representara o aglutinara el sentimiento religioso de los guerreros; pero, hablar de una catedral, es demasiado. Ofensivo.

Las catedrales, las que son iglesias enormes, han sido obra de inspiración de hombres dados hondamente a la espiritualidad, a dar amor a sus semejantes, a asistir a los afligidos, a los desamparados; que han pensado y sentido la necesidad de construir grandes altares para honrar y bendecir a Dios y para agradecer Sus grandes bondades y Su misericordia. Nunca han sido para honrar la guerra, la muerte y la destrucción.

Reims, Notre Dame, Colonia, San Patricio, el Vaticano, no las edificaron guerreristas destructores; las imaginaron, diseñaron y llevaron a cabo hombres de una profunda espiritualidad y santidad.

En todos los tiempos ha habido construcciones que han tenido el sentido y significado de una catedral.

Los babilonios edificaron grandes templos en los que se adoraba y honraba a sus dioses; los griegos también elevaron sus admirables construcciones en los que a su manera adoraban y veneraban a Apolo, su dios. Ya no se diga de los egipcios. Erigieron sus grandes pirámides como altares grandiosos para consagrar sus almas y mentes al Dios Único, como lo proclamó el gran faraón Amenhotep IV, quien estableció la primera religión monoteísta en la historia.

Hacer una catedral no es cosa de guerreristas y destructores, sino de santos y místicos. De pastores que viven sólo orando y pensando en la misericordia divina. Lo que anuncian nuestros militares es como si los “halcones” que invadieron Afganistán e Irak dijeran que están construyendo una catedral en Irak. La gente sensata piensa que si los militares guanacos están pensando en una catedral sería bueno que la fueran a construir a Irak, que es donde necesitan los soldados de Saca invocar a diario protección del cielo dado que están en peligro.

A todo esto, habría que esperar a ver qué dice y piensa la Iglesia católica salvadoreña sobre este ridículo proyecto. Que se sepa, en ningún lugar del mundo existe un adefesio tal como el que imaginan y proyectan los milites salvadoreños. ¿No vendría a ser una competencia “desleal”?

Y el comandante en jefe, ¿qué dice? ¿Será suya la idea? ¿A qué santo pondría en el altar? No, no es el que todos piensan, que es el de su mayor devoción y a quien cada vez que lo invoca mira al Norte. Lo que la gente siente es que con ese ejemplo cada gremio, sector o bando querrá construir su catedral y honrar a sus propias deidades y santos. Volveremos entonces al politeísmo antiguo.

Lo recomendable sería que los ingeniosos del proyecto sometieran a una consulta pública si apoyan y aprueban su idea o no. No es difícil imaginar la respuesta.

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