lunes, junio 25, 2007

De la mosca en la pared del Vaticano: Tony Blair, Benedicto XVI discuten sobre conversión al catolicismo

Por: Pastor Valle-Garay
Senior Scholar, Universidad de York


(Sube el telón. Su Santidad Benedicto XVI recibe en audiencia privada a Tony Blair, ex Primer Ministro de Inglaterra).

Su Santidad - ¡Hola, Tony! Bienvenido al mundo de los desempleados. ¿Cómo te trata la vida?

Tony Blair – Pues no tan bien como usted, Su Santidad, con un puesto vitalicio. A mí me echaron del mío y en Inglaterra una vez que uno deja de ser Primer Ministro no hay posibilidad de promoción. ¿El reinado? ¡Ni pensarlo! De ahí nada ni nadie saca a la reina Isabel II. La verdad es que no sé qué haré.


SS - ¡Joder, hombre!

TB - ¡Su Santidad!

SS - ¡Déjate de mojigaterías! En privado los Papas maldecimos como el mejor. Para eso soy Papa. Dime ¿qué te trae por estos lados? Dicen las bolas que piensas convertirte al catolicismo. ¿Es cierto?

TB – Pues así es, Su Santidad, pero antes vengo por Su consejo. ¿Qué tan difícil es la conversión? ¿Debo estudiar mucho? Como Usted sabrá, no soy muy religioso. Mi fuerte es la guerra contra los infieles y babosear con George W. Bush.

SS – Lo sé, pero hasta los brutos aprenden. No es como que vas a ser astronauta. Lo clave es tu motivación y tu contribución a la iglesia. ¿Qué puedes ofrecerle al rebaño?

TB - Bien. Soy hombre de acción., cuento con harta experiencia en política, doy largos discursos, hablo de ambos lados de la boca, me gusta viajar, busco superarme, soy ambicioso y guapetón.

SS - ¿Ambicioso?

TB – Por supuesto! Imagínese, Su Santidad, luego de convertirme al catolicismo podría aspirar al sacerdocio y después …

SS – Un momentito. Un momentito. No tan rápido. Ni se te ocurra escalar. Papa solo yo. Además, tu hoja de trabajo deja mucho que desear. Esta guerra contra Iraq y Afganistán es un desastre de relaciones públicas. Hasta yo la he condenado.

TB – Tiene razón pero con el perdón de Su Santidad le diré que no es propiamente una guerra guerra. Es una santa cruzada religiosa contra el infiel, como la emprendida en otros tiempos por la Santa Inquisición que Usted heredara bajo el nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe, ¿no?

SS – Mira, Tonito. No trates de pasarte de listo conmigo. Lo del petróleo no fue tan mala idea. Hasta el papamóvil lo necesita pero eso de guerra santa es otro cuento. Tú te embarcaste en esa aventura con Bush y ahora no saben ni cómo salirse del atolladero. ¿No te arrepientes de semejante barbaridad? Como sabes, el quinto mandamiento dice no matarás y ustedes lo han hecho hasta el vómito.

TB – Es cierto, Su Santidad, y esa es otra razón para convertirme al catolicismo. Estoy cansado de matar pero como ahora que estoy de vago, el necio de Bush no me deja en paz un minuto del día. Lamentablemente me considera su amigo íntimo, el único y el último amigo que le queda en todito el mundo y por eso me llama a cada rato para reclutar mis servicios como enviado especial de guerra para el Medio Oriente. No lo soporto más. Me tiene loco.

SS – Interesante. Prácticamente un acto de contrición. Dime, ¿cómo cambiaría tu conversión al catolicismo esa situación?

TB – Elemental, Su Santidad. Como Usted sabe, Bush es fundamentalista religioso pero de los fanáticos. De amarrar. Además lo mangonean los conservadores evangélicos quienes, como Usted también lo sabe, detestan al catolicismo e incursionan no solo en los Estados Unidos sino que también lo hacen en la América latina para convertir a los católicos a sus sectas. Si me hago católico, Bush ni me perdona ni me vuelve a hablar nunca jamás. A la vez, sería un golazo para el catolicismo contra el equipo evangélico. No quiero emplear redundantes eufemismos pero la verdad es que mi conversión equivaldría a matar dos pájaros de un tiro, ¿no?

SS – Hmmmmm! Lógico. Veo que piensas como uno de nosotros. A mí también me cae pesado Bush y sus barrabasadas religiosas. ¡Me hace suspirar por los gloriosos días de la Inquisición! Cambiando de tema, ¿aprueba tu mujer de tu conversión? ¿Es cierto que es feminista?

TB – Sí, pero también es católica. Vamos a misa juntos. El anglicano soy yo.

SS - ¡Puta madre!

TB - ¡Su Santidad!

SS – ¡Déjate de interrumpir con babosadas, Tony! Ya te dije que el Papa puede echar maldiciones a Su divino antojo. Además si hay algo que me provoca infartos aparte de los evangélicos son los anglicanos y las feministas católicas. Dile a tu mujer que te salve cuanto antes y que se ponga de acuerdo contigo en la conversión. En estas cosas el Vaticano no es tan progresista como creen algunos. La mujer debe ayudar al marido incondicionalmente y aceptar sumisamente su decisión. Tú sabes. Donde manda capitán no manda marinero. Punto.

TB – Está bien, Su Santidad. No se ofusque. Es cierto que además de ser católica y abogada ella es una mujer de pelo en pecho que no le para bolas a nadie pero estoy seguro que cuento con su apoyo.

SS – Mejor así aunque no me pasa lo de feminista católica. ¡Joder, Tony! Mal comienzo. No te has convertido y ya vas en camino al infierno.

TB – Por favor, no diga eso, Su Santidad. Recuerde que nunca me he confesado. No puedo tocarle las puertas del reino a San Pedro en pecado mortal. Ya me lo advirtió José María Aznar …

SS – Escucha, Tonito. No se te ocurra nunca mencionar a ese soberano ignorante en mi presencia. Ante los ojos del mundo tú, Aznar y Bush representan el eje del mal. Arruinan la reputación del cristianismo. Así que no me hables del enano. De otro modo, te pondré de patitas en la calle. Recuerda que en Roma no tienes muchos admiradores. ¿Qué diablos les pasa a ustedes los ex presidentes y ex primeros ministros? Allá por los años ´50 enterramos a un tal Anastasio Somoza, dictador de Nicaragua, con honores de Príncipe de la Iglesia. A la muerte del genocida Augusto Pinochet, la iglesia le celebró solemne misa de cuerpo presente. Hicimos lo mismo con el bestial Francisco Franco de España. Graves, garrafales errores de juicio eclesiástico. Ahora que Aznar anda de vago, sin oficio ni beneficio, al igual que tú, le gustaría un puesto cardenalicio. ¡Has visto semejante barbaridad! ¡Nada! Ya pasaron esos tiempos. Te recomiendo que le pidas perdón al Señor y que te alejes de las malas compañías. De lo contrario, no serás católico ni que digas misa. ¿Comprendes?

TB – Perfectamente bien, Su Santidad, perfectamente bien. Dígame, ¿qué otra cosa debo hacer para bautizarme en el catolicismo?

SS – Por el momento, nada. Coge el primer vuelo de regreso a Londres y empieza a orar como loco. Baja toda la corte celestial. Ruega por un milagro. ¿Tú crees en milagros, no? Más te vale creer. Algo más: no más viajes a la Casa Blanca. Es el infierno. Ten paciencia. La Santa Sede estudiará minuciosamente tu caso. Estas cosas llevan tiempo. Años de investigación. Así que no nos llames. Nosotros te llamaremos a ti cuando lo consideremos conveniente. Y que Dios te bendiga.

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