martes, abril 03, 2007

Semana Santa en Centro América: Se permite todo menos el anticristo

Por: Pastor Valle-Garay
Senior Scholar, Universidad de York


Toronto, Canadá – Es la época recogimiento espiritual por excelencia. Se conmemora la pasión y muerte de Jesucristo hará unos dos mil años. También se celebra la Semana Santa con tradiciones que rayan de lo sublime a lo ridículo. Unas menos católicas que otras.

En el Vaticano y en otros baluartes del cristianismo las manifestaciones religiosas son de morirse. En las famosas procesiones Sevilla los promesantes se flagelan hasta sangrar. En las Filipinas algunos fanáticos se crucifican año tras año. Con sendos clavos. Sangran de verdad también.


En Nueva Orleáns, Brasil y otras ciudades del Hemisferio multitudinarios carnavales, estupendos desfiles de pagana desnudez, danzas eróticas y excesivo consumo de licor preceden el sacro período. Tales mundanas manifestaciones confirman la afirmación católica de la posesión demoníaca. No pierde sueño el carnavalero. Luego se confesará. En penitencia rezará un padrenuestro, tres avemarías y una vez absuelto de pecado se dará a la tarea de preparar el próximo carvanal. Más estrafalario y mejor que nunca.

En Centro América por este tiempo se calienta más el planeta. Hace un calor infernal. No muy católico que se diga. A excepción de unos miles de feligreses que de rutina y devotamente asisten a iglesias y procesiones, ciudades y pueblos enteros quedan desiertos. La semana es feriada. Se cierra todo. La población huye despavorida a las playas. Para disfrutar de los concursos de despampanantes bellezas en minúsculos trajes de baños o para refrescarse como Dios manda. Desafortunadamente el refresco favorito es el abundante licor. Como resultado una gran cantidad de ebrios se ahogan, matan a uno que otro desprevenido cristiano o perece en múltiples accidentes de tráfico. Los vivos se encogen de hombros. Castigo de Dios.

Este año la Semana Santa marcha más o menos igual en Centro América. Con una aberrante excepción. Anda suelto un desgraciado autodenominado el anticristo. Decidió viajar por la región y protestar contra la iglesia católica. Se trata del puertorriqueño José Luis de Jesús Miranda, líder de la secta Creciendo en Gracia y autoproclamado “Dios vivo y salvador del mundo.” ¡Cómo que no tuviéramos suficiente problemas con la jerarquía local!

Desatinada la movida de Miranda. No le cayó en gracia a nadie. De manera unánime Iglesia y estado se opusieron rotundamente al proselitismo del Jesusito de marras. Confirma que hasta en un entorno considerado viciado por el cristianismo hay límites. Lo cierto es que solo a un desequilibrado se le ocurre programar tal irreverencia en días sagrados. Una cosa es que el católico descarte temporalmente los mandamientos de su iglesia y se marche de bacanal veranero y otra muy diferente es que una secta foránea pretenda señalarle el camino de la salvación. ¡Por favor! Por ende, la programación de la gira no dice mucho de la inteligencia del nuevo profeta. Cualquier pelagatos sin bola de cristal anticiparía que durante la Semana Santa los fieles le darían con la puerta en las narices. ¿Tendrían la secta el desmedido valor de arriesgar semejante barbaridad durante la época de Ramadán en el Medio Oriente? Lo dudo.

Sea de ello lo que fuere, por este lado del charco Miranda llegó por lana y salió trasquilado. En Nicaragua, el gobierno del Presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario, recientemente reintegrados al cristianismo católico, apostólico y romano, hicieron caso omiso de la separación constitucional iglesia-estado y recurrieron a su prerrogativa gubernamental para cerrarle el paso a Jesús Miranda. Igual suerte corrió el anticristo en El Salvador, Honduras y Guatemala.

Interesante, contundente rechazo el de Guatemala, país gobernado por el ex general y brutal dictador Efraín Ríos Montt entre 1982-1983. Ríos Montt, evangelista fanático, seguidor de Ronald Reagan y ex discípulo de los nefastos evangelistas gringos Jerry Falwell y Pat Robinson, pretendió implantar su dogma en la nación y en Centroamérica con el propósito de salvarnos del comunismo y del sandinismo. Fracasó. Hoy la justicia internacional busca al criminal fugitivo acusándole de genocidio y de otros crímenes contra la humanidad entre los que figuran 47 masacres. El rechazo oficial de Jesús Miranda parece redimir a Guatemala de su lamentable asociación con charlatanes y falsos profetas. El anticristo debería tomar nota y marcharse de una vez por todas. Centro América no necesita de individuos de su calaña. Menos aún en Semana Santa.

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