miércoles, agosto 08, 2007

La Vida Continúa

José M. Tojeira

Pasaron las vacaciones y la vida continúa. En Guatemala se insiste en que el crimen de nuestros tres diputados está vinculado al narcotráfico.

En El Salvador bajó el número de muertos a lo largo de estas vacaciones. Una buena noticia aminorada por el hecho de que continuó habiendo salvajismo en varios asesinatos masivos. La gente buena alaba al Divino Salvador y celebra con alegría sus fiestas patronales. La canasta básica sube drásticamente.


Honduras se llenó de salvadoreños. Había orden de tratar bien a nuestros compatriotas y la policía hondureña, acostumbrada a poner multas y mordidas a los extranjeros, se portó en general muy amable con nuestros turistas. HSBC, o como se llame, resulta que no es una medicina como la mayoría de los salvadoreños creíamos, sino un símbolo doble.

El símbolo de la desnacionalización en capital y en nombre de un banco que era de capital y nombre salvadoreño, y el símbolo, al mismo tiempo, de una publicidad que trata a los salvadoreños como si fueran retrasados mentales, explicándoles que la sigla mentada no es una película. Y además, para colmo de zafiedad, escribiendo hache sin hache (ache esebecé).

La Vida continúa con sus terribles contradicciones, con la bondad de la gente, con las tragedias personales y humanas, y con todo ese mundo de propagandas e interpretaciones donde el ruido y la superficialidad domina a la racionalidad.

Continúa también, gracias a Dios, el buen humor reconquistado en unos días de descanso y la capacidad de ver con ternura la realidad, no dejando que la indignación se convierta en puro gesto teatral.

Continúan la reflexión, la esperanza y la generosidad con El Salvador, al mismo tiempo que siguen presentes la ambición, la mentira y la violencia. Nadie tiene el patrimonio completo de lo bueno ni de lo malo, pues si algo fuera completamente negativo y malo en sí mismo dejaría de existir.

La Vida continúa con sus mezclas terribles.

El mismo día que los salvadoreños festejamos al Divino Salvador fue arrojada, mucho años atrás, la primera bomba atómica sobre Hiroshima.

Un símbolo de la guerra total, cuya doctrina sigue empleándose todavía en las guerras actuales y que da por supuesto que en las guerra no sólo los soldados deben morir sino también una buena parte de la población civil.

Y ese mismo día, en otra fecha, habló por primera vez un Papa, Pablo VI, en las Naciones Unidas, haciendo un enérgico llamamiento a la construcción de la paz. Mientras la bomba atómica mataba de un sólo golpe a 250.000 personas, y hería a muchas más, el P. Pedro Arrupe, posteriormente general de los jesuitas, y viviendo en las afueras de Hiroshima, organizaba el primer hospital de ayuda en el noviciado, del que era maestro, para las víctimas de la explosión nuclear.

El mal por un lado, con sus aristas atrozmente destructivas, y el bien como semilla en el exigir la paz de Pablo VI y en la atención de Arrupe al malherido, que germinaría después, ya en tiempo y con el apoyo de Papa mencionado, en la opción de trabajar simultáneamente en el servicio de la fe y la promoción de la justicia, como dos actividades unidas indisolublemente para tanta gente de Iglesia.

La Vida sigue y la lucha entre el bien y el mal continúa, callada a veces y silenciosa, o llena de ruido y confusión. La Vida sigue y lo seres humanos de buena voluntad, más allá de ser de una iglesia o de la otra, debemos llenar nuestra propias de vidas de reflexión, hacer altos en el camino, mirar la realidad y acudir a lo más íntimo de nuestros valores.

Contrastar y reflexionar, criticar, discernir, construir. Los cristianos tenemos el Evangelio como la clave fundamental de nuestro discernimiento y de nuestra acción. Todos y todas tenemos la propia conciencia, la referencia de ese gran acuerdo común de la humanidad que se llama Derechos Humanos, los ejemplos de tantos Hombres y Mujeres Buenos que a diario luchan, se esfuerzan y son honestos y generosos.

La Vida sigue y la misma Vida nos va dando elementos para reflexionar, discernir y actuar. Son verdaderas oportunidades para transformar y mejorar, para incidir en la historia y hacerla más humana, para ser más fieles a la propia conciencia y a la propia realidad.

Ya está en la Página Web del CELAM el Documento de Aparecida, con una visión muy amplia y representativa de los clamores, las esperanzas, las reflexiones y los caminos de acción de los pueblos e iglesias latinoamericanos.

No ha sido noticia espectacular en nuestros periódicos pero está ahí y, suponemos, muy pronto lo veremos publicado en papel. Está ahí como llamada y como oportunidad para que la vida no fluya en vano, para que no podamos decir con la canción, dándole un tono negativo, que ¿la Vida sigue igual?

La Vida continúa, pero tu, él, yo, nosotros, podemos convertirla en un don cada día mejor para todos y cada uno de los seres humanos.

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