viernes, agosto 17, 2007

¡Con celular aunque no me harte!

Mauricio Funes

¡Con celular aunque no me harte!

Y ahora resulta que los celulares son símbolo de bienestar.

El Diario de Hoy publicó este miércoles un editorial que a cualquiera le provocaría irritación.

Según el propietario de este periódico, de reconocida trayectoria conservadora, la existencia de más de 4 millones de celulares en el país, para una población que no pasa de los seis millones, es un signo alentador de que las cosas han mejorado y que la población goza de mayores niveles de bienestar.


Para este editorialista, un aumento en la capacidad de consumo de la población debe ser entendido como sinónimo de desarrollo, independientemente de que bienes o servicios son los que consume.

Hace unos días reflexionábamos sobre el incremento en la canasta de mercado, la que solo puede obtenerse si se tienen $700 dólares en el bolsillo.

Un salvadoreño que con suerte gane el Salario Mínimo mas alto, es decir, un poco mas de $174 dólares al mes, necesitaría un aumento de sus ingresos de al menos $300 por ciento para tener acceso a esta canasta.

Incluso, si renunciara a tener todos los bienes y servicios que le permitan llevar una vida modesta, y se conformara con ganar solo para comer, más del 80 por ciento de su salario se iría en la compra de alimentos, quedándole apenas un 20 por ciento para el resto de necesidades.

El drama, por supuesto, es mayor en el campo.

En este caso, ganando el Salario Mínimo le harían falta $28 dólares para comprar sus alimentos y necesitaría multiplicar sus ingresos por ocho para tener acceso a la canasta de mercado.

No cabe duda que la vida cada día está más dura y aunque hay más de 4 millones de celulares en manos de los salvadoreños, esto no quiere decir que el nivel de bienestar de la mayoría haya mejorado.

En primer lugar, hay que tener presente que buena parte de estos celulares han sido comprados con las remesas que los salvadoreños envían a sus familiares desde el exterior.

Una tercera parte de la población en el país recibe remesas de sus familiares viviendo afuera y a juzgar por los patrones de consumo importados de estados unidos, quienes reciben esta ayuda han convertido el celular en un bien imprescindible para vivir.

Muchos de ellos necesitan un celular para mantenerse comunicados con su familias y reciben llamadas que son pagadas en el exterior.

No hay que pasar por alto que el celular es un bien duradero, que no necesita estarse renovando a cada momento y que mientras mantenga sus funciones básicas puede prolongar su existencia por varios años.

Es decir, se trata de una inversión de una sola vez y para largo rato y no de un gasto periódico.

En segundo lugar, habría que establecer cuantos de estos celulares tienen contratos fijos y cuantos son activados con tarjetas pre pago.

En este último caso, el de las tarjetas pre pago, basta con cargarle un par de dólares al teléfono para que este se mantenga activo por tiempo indefinido aunque al final solo se utilice para recibir llamadas una vez agotado el saldo.

En buenas cuentas, el editorialista que basa el bienestar de la población en la posesión de un celular debería ser más acucioso e investigar el tipo de contrato adquirido así como la frecuencia con que cambia de aparato.

Lo más probable es que descubra que muchos de estos más de cuatro millones de dichosos portadores de celular lo han podido comprar porque las empresas de telefonía dan facilidades para su adquisición, algunas lo obsequian con solo comprar una tarjeta pre pago, otros lo reciben como parte de los envíos que hacen sus familiares del exterior, además, basta con invertir un par de dólares para mantenerlo activo y utilizar la unidad hasta obtener de ella el máximo provecho.

En la medida que no se trata de un gasto fijo no puede ser tomado como un bien o servicio al que forzosamente hay que destinar todos los meses una parte de los ingresos recibidos.

La cantidad de celulares en circulación en el país registrada por el diario de hoy no debe ser tomada, entonces, necesariamente como muestra de que las cosas marchan bien.

Significa únicamente que los patrones de consumo de los salvadoreños han cambiado y que este cambio está en función de la nueva realidad que viven muchos de ellos.

Con más de tres millones de salvadoreños viviendo en el exterior, dos millones 800 mil en estados unidos, lo más probable es que los hábitos de consumo no sean los mismos de hace algunos años y que las necesidades también hayan variado.

El celular, sin lugar a dudas, era considerado en el pasado como un bien de lujo… hoy en día es un bien necesario. Su mayor presencia en el mercado permite que su precio haya bajado y que, por tanto, la cantidad de consumidores se haya ampliado.

Por supuesto, no como resultado directo de una ampliación de la capacidad de compra de los salvadoreños, sino como producto de una agresiva práctica de comercialización que hace aparecer el celular como un bien imprescindible.

Si antes poseer un celular era símbolo de estatus, ahora no deja de ser un objeto de uso común.

Donde si no se equivoca el editorialista es que la competencia agresiva entre las diferentes compañías que ofrecen el servicio es lo que en parte ha provocado su abaratamiento y expansión.

Si se tuviera que pagar la onerosa cantidad de $300 ó $400 dólares por la instalación del servicio, además de una cuota mensual que representara una parte significativa del salario mensual del trabajador, lo más probable que su uso y posesión no fuera tan generalizado.

Pero, por favor, no nos confundamos ni pretendamos darle atol con el dedo a la población: el acceso a un celular, en un país donde el Salario Mínimo no alcanza ni siquiera para la canasta alimentaría y donde solo el que gana cuatro de estos salarios al mes en la ciudad y ocho de ellos en el campo puede tener acceso a la canasta de mercado, no puede ser sinónimo de mayor bienestar.

Al fin y al cabo habrá salvadoreños que prefieran tener un celular aunque tengan que apretarse el cinturón para sobrevivir.

¡Con celular aunque no me harte!

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