martes, marzo 13, 2007

Más lento, menos listo que Chávez: Bush no da pata con bola ni en el Hemisferio ni en casa

Por: Pastor Valle-Garay
Senior Scholar, Universidad de York


Toronto, Ontario - George W. Bush necesita acelerar el paso. Aunque no tenga donde ir. Aunque no encuentre refugio ni solaz en ninguna parte. Aunque ya no haya donde esconderse. Su presidencia es un callejón sin salida. El fracaso le persigue donde esté. Pero debe correr y seguir corriendo como alma en pena. No hay otra. Si se detiene le pasa por encima la aplanadora de la opinión pública. En su país. En el extranjero.

Se comprobó en la gira turística de ocho días por cinco países de la América latina. Solo a un desatinado se le ocurre emprender un maratón tan ridículo por caminos tan hostiles. Solo un imbécil espera que le reciban con abrazo de compadre. No ocurrió. En su lugar el otrora desgastado “Yankee, Go Home” adquirió renovado, elegante simbolismo. Bush no tuvo más alternativa que hacerse el tonto. Por supuesto, nadie acusa al mandatario de inteligente. Fanfarrón, quizás. Lerdo, ni dudarlo. Listo, nunca.


No sería remoto entonces que George W. ascendiera la escalerilla del aparato presidencial Fuerza Aérea #1 que le retornaría a la Casa Blanca jadeante y frustrado. “¡Qué pérdida de tiempo!,” le diría a la señora “Mejor nos hubiéramos quedado en casa.” Sería una de las pocas veces que acierta. No logró nada más que el repudio general de las multitudes. Tuvo suerte el Hemisferio. La travesía fue relámpago. Nadie murió como resultado de las extremas medidas de seguridad. Actuaron bien las autoridades. La vida del más humilde campesino vale más que la de un Bush multiplicado por cien.

Una comentarista de la cadena televisiva CNN se asombró del recibimiento hostil que recibió Bush en cuanto país visitó. Desde Guatemala el corresponsal extranjero de la misma cadena le recordó, a modo de aclaración, que quizás se deba a la oposición de América latina a la invasión de Iraq. Otro especialista gringo en asuntos latinoamericanos sugirió que Bush se las buscó por desatender al Hemisferio y favorecer los ataques contra Afganistán e Iraq. ¡Habráse visto lógica más simplista o periodismo más ignorante e irresponsable! Solo a una recua de ignorantes se le ocurre resumir más de un siglo y medio de abusos, de intervenciones, de ocupaciones, de explotación y muerte a dos descuidos del mandamás de turno! Dignos compatriotas del iluso.

No hay que sorprenderse. Lo ridículo es que las cámaras de televisión y el ejército de relacionistas públicas que acompañaban a Bush llegaron preparados para un recibimiento triunfal. Se imaginaban algo parecido a la bienvenida de un roquero de fama mundial. ¿Por qué no? ¿Acaso no es el presidente del país más poderoso quien se digna visitar a los vasallitos de su patio trasero?

Esta vez les saldría el tiro por la culata a los señoritos del cuarto poder. De donde menos lo esperaban. Hugo Chávez, el presidente venezolano tan vilipendiado por la prensa estadounidense, llenó estadios y fue aclamado en la Argentina precisamente en el mismo instante en que las fuerzas armadas de Uruguay y de otros países en la agenda de Bush se las veían prietas para proteger al delegado de la Casa Blanca. Extraordinario contraste. Chávez, un inconsecuente populista según Bush, sin el más mínimo esfuerzo se ganó las simpatías del público y se le robó los titulares y la concurrencia al hombre fuerte de Washington.

¿Más le valdría haberse quedado en casa? Quizás. Quizás no. Se cree que Bush se las disparó a la América latina al destapársele una serie de reveses y escándalos gubernamentales. En las elecciones de medio término acababa de perder la mayoría Republicana en ambas cámaras del Congreso. La invasión seguía de mal en peor. Ante el fracaso de la guerra la población estadounidense comenzaba a revivir los días de las manifestaciones de Vietnam. El Congreso se preparaba a negarle fondos para aumentar el envío de tropas al Medio Oriente. El consumado estratega político Lewis “Scooter” Libby, ex director del gabinete del vice presidente Cheney, era declarado culpable de obstrucción de la justicia, falso testimonio y perjurio y podría dar con sus burocráticos huesos en la cárcel por unos 30 años. ¡Nada mejor que una gira al sur de la frontera!

Se equivocó de plano. No se disipan los problemas en ocho días de asueto. Ni en la América latina ni en los Estados Unidos. Si la escapadita de Bush fue una mala experiencia, su regreso a la Casa Blanca se convirtió en pesadilla. No bien había puesto pie en tierra firme -¿política de asilo del pie mojado y del pie seco?- que explotaba bajo sus narices el fenomenal escándalo del tratamiento inhumano recibido por miles de soldados, víctimas de las invasiones de Afganistán e Iraq, en las espantosas condiciones del Hospital Militar Walter Reed. Situado en Washington D.C. Nada menos.

En cuestión de 48 horas cayeron los directores del hospital. Renunciaron el Secretario del Ejército Francis Harvey; el teniente general Kevin Kiley, comandante del hospital y el mayor general George W. Weghtman. Un comité del Congreso investigará a fondo el manejo de la dilapidada institución. El sufrimiento de los soldados es un asunto que llevará más tiempo en resolverse. Pero de lo que no cabe la menor duda es que tanto los pacientes como los familiares se han quejado constantemente de la condición de los edificios y del mal tratamiento médico. A pesar de que el centro médico está situado a unos pasos de la Casa Blanca nadie les puso atención hasta que el diario Washington Post denunció la situación la semana pasada.La furia del público ahora es incontenible.

Bush no podrá escapar este revés y ya no le quedan más países donde correr. A pesar de que un informe elaborado por el Instituto Lovenstein de Pensilvania le catalogó como el mandatario con el coeficiente de inteligencia más bajo entre los últimos 12 presidentes de los Estados Unidos, la imbecilidad no constituye defensa legal cuando atañe al ocupante de la Casa Blanca. Le costará la presidencia al partido Republicano en las elecciones del 2008. En los Estados Unidos dicen que la venganza sabe mejor cuando se deja enfriar la copa. De ser así, Chávez deberá disfrutarla a sorbo lento. A pesar de los ataques de Bush, le ganó la partida … y las simpatías de la América latina.

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