lunes, marzo 12, 2007

Alternativas a préstamos»... ¡Por fin algo sensato!

Licda. Norma Guevara de Ramirios

El plazo para aprobar un paquete de préstamos está próximo a vencer; el gobierno y su partido optó por un camino de confrontación sin retomo y el efecto llegará para mostrar que la vida sigue.

El escenario de evitar endeudamos tiene entre sus posibles efectos el que ya anunció el gobierno «buscar otras alternativas»; que bueno que se busquen otras alternativas diferentes al endeudamiento para atender necesidades vitales como la educación, y ojalá esto fuera el campanazo para situar en el debate el impacto de la desigualdad tolerada y fomentada por los gobiernos areneros, que en última instancia es la responsable del debilitamiento financiero del Estado; significa que hay que buscar los recursos dentro del país, resolviendo problemas que hoy limitan los ingresos del fisco.


El gobierno afirma que lo social es lo primero, y es hora de demostrarlo sin culpar a otros de sus descuidos e incumplimientos; si por el contrario lo que le interesa es confundir a una buena parte de la gente para provecho electoral de su partido en vez de buscar alternativas seguirán en su campaña; pero igual, llegará un nuevo convencimiento general para darse cuenta que las políticas sociales no se resuelven con limosna o de fiado.

Si para cada necesidad detectada como grave la solución es subir una grada más en la deuda pública significa que las soluciones tardarán muchísimo más. Dicen los estudiosos de la economía que la desigualdad importa y que aunque fue vista como normal, a la larga se llega a la cuenta que se debe dejar de ser indiferente ante este fenómeno generador de pobreza, delincuencia, debilitamiento de la democracia y de otros fenómenos altamente dañinos para nuestras sociedades; y es que no ha pasado en balde el hecho de que en 1975 el 10% de personas más ricas recibían 8 veces más ingresos que el 10% más pobre y a 1999 esa relación pasó a ser de 22 veces.

Esa desigualdad se ha agrandado achicando los salarios, aumentando el costo de la vida, reduciendo los impuestos, debilitando al Estado de modo que éste deja de brindar los servicios básicos y fundamentales; entre ellos la educación y la salud.

Esto a su vez empuja el endeudamiento como estrategia para poner parches en vez de soluciones; mientras se debilitan tanto nuestras sociedades que se imponen otros poderes tácticos e ilegítimos. A la derecha salvadoreña le gusta acudir a las experiencias chilenas, quizá porque allí se inició la aplicación del neoliberalismo pero los elementos correctivos de aquél país no siempre son tomados en cuenta; entre las determinaciones del anterior Presidente chileno, Ricardo Lagos se cita una referida a este complejo problema de la desigualdad; Lagos afirmó, «queremos terminar con la desigualdad antes que la desigualdad termine con la familia chilena».

Esto que nos está pasando en el país alrededor de los préstamos sin aprobar con la campaña del gobierno y su partido es algo ridículo, parecido al capricho de un cipote que quiere que sus padres le compren un carro cuando la tarjeta de crédito está abierta pero el presupuesto familiar ha caído en desequilibrios insoportables.

Es hora de reflexionar, justamente de buscar acuerdos a favor de la educación, del real combate a la pobreza, acuerdos para promover el empleo y la seguridad y cuestionamos a nosotros mismos ¿ con cuanto vamos a contribuir para lograrlo?

Las sociedades con menor desigualdad en los ingresos, más equitativas, son más estables, más seguras, pero eso indica que sus entidades públicas han invertido e invierten constantemente en la educación y la seguridad social de sus habitantes; como afirma el mexicano Salvador Borrego al comparar el nivel educativo y la pobreza de su país; «la educación no garantiza la riqueza; pero la no educación si garantiza la pobreza» y si la educación es una necesidad permanente, creciente debe estar asegurada desde dentro, desde los recursos propios de una sociedad, en convicciones de su importancia más que en préstamos que dejan al descubierto la pequeña porción del presupuesto y del PIB que se dedica a su impulso.

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