viernes, diciembre 15, 2006

Derecha salvadoreña reafirma alianza con Washington

Tania Peña Aguado

Redacción Central, 15 dic (PL) Parecería asombroso, pero no lo es. Mientras las fuerzas de ocupación en Iraq se empantanan, contra toda lógica, el gobierno de Antonio Saca persiste en su condición de ser el único país latinoamericano con tropas en la nación árabe.

A pesar del descalabro de Estados Unidos y sus aliados en el territorio mesopotámico, la mayoritaria bancada derechista de la Asamblea Legislativa en la nación centroamericana acaba de aprobar la permanencia de los soldados salvadoreños en suelo iraquí por un año más.


La Comisión Nacional de Defensa del ente legislativo ya había dado su visto bueno a principios de semana al pedido del Saca, quien solicitó a los parlamentarios refrendar la decisión del Ejecutivo.

Finalmente, la petición del mandatario fue aprobada la víspera por 49 votos, de 84 posibles, aunque sólo necesitaba de la mayoría simple, fijada en 43 votos.

Los diputados de la gubernamental Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), del Partido de Conciliación Nacional (PCN) y del Partido Demócrata Cristiano (PDC), todos de derecha, votaron a favor.

Como era de suponer, la representación parlamentaria del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), principal fuerza opositora, estuvo en desacuerdo con el espaldarazo a Saca.

Tampoco respaldaron la prórroga los representantes de Cambio Democrático, ni un legislador del PDC, contrario a la postura de su partido.

Aunque la arenera Carmen Elena Calderón defendió su voto, aludiendo a un presunto "compromiso con el pueblo y la institucionalidad iraquí", la diputada del FMLN, Blanca Bonilla, recalcó que "con armas no se promueve una ayuda humanitaria, se promueve la guerra".

"Sería absurdo que Estados Unidos salga de Iraq y que El Salvador decida seguir allí", expresó Sigfrido Reyes, otro diputado efemelenista.

Conocida la noticia, observadores y medios de prensa subrayaron lo que pudiera interpretarse como un contrasentido de la administración de Saca.

La incongruencia salta más a la vista, tras la reciente sugerencia de una comisión bipartidista estadounidense a la Casa Blanca de retirarse de Iraq a más tardar en el primer trimestre de 2008, por considerar que la situación allí es grave y se deteriora cada vez más.

Tal disposición tiene lugar, "justo cuando en Estados Unidos crece la presión para terminar con la aventura bélica que ha sumergido al país árabe en una cruenta guerra civil", destacó el diario Colatino.

Sin embargo, para analistas en la región el hecho pone otra vez en evidencia la histórica alianza de la derecha salvadoreña con el gobierno de George W. Bush.

"Somos aliados de Estados Unidos, que es nuestro amigo", reconoció Carlos Reyes, diputado de ARENA, partido gobernante en El Salvador.

Saca había asegurado que los soldados volverían a finales de este mes, sin embargo, cambió de opinión cuando Washington aprobó 461 millones de dólares de los fondos de la Cuenta del Milenio para la construcción de la Carretera Longitudinal del Norte.

Al situarse nuevamente al lado de Bush, la derecha salvadoreña no sólo muestra desdén por el creciente rechazo internacional a la masacre contra el pueblo iraquí, sino que actúa como cómplice directo del genocidio, además de menospreciar a la opinión pública nacional.

Según una reciente encuesta del matutino La Prensa Gráfica, más del 80 por ciento de la población salvadoreña favorece el retorno definitivo de sus compatriotas y reclama más atención gubernamental hacia los agudos problemas domésticos.

"Las tropas salvadoreñas nunca debieron ir a Iraq, nosotros responsabilizamos al presidente Antonio Saca por la suerte que corren los soldados salvadoreños y las viudas e hijos de los fallecidos", recalcó la dirección del FMLN.

Hasta la fecha, cinco soldados salvadoreños murieron en el país árabe y más de una veintena resultaron lesionados.

El Salvador es el único país de América Latina que mantiene tropas en Iraq, en su caso desde agosto de 2003, unos meses después de haberse desatado la agresión contra esa nación.

En franca oposición a los vientos nacionalistas que soplan en Latinoamérica, la cúpula del poder en El Salvador confirma con este paso su adhesión al estilo del antecesor gobierno de Francisco Flores, distinguido por su servilismo a Washington.

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