jueves, enero 25, 2007

Retos para una paz estable y duradera para la nación salvadoreña

Por Carlos Bucio
Por parte de Canada-El Salvador Action Network (CELSAN)
Publicado en el diario El Popular

TORONTO.- El 16 de enero recién pasado se cumplieron 15 años de la firma de los Acuerdos de Chapultepec, México. Estos acuerdos culminaron con una cruenta guerra civil de 12 años, la cual le costó a El Salvador 75 mil muertos, 8 mil desaparecidos y un desplazamiento de millones de personas a nivel interno y externo.

La enorme mayoría de estas y otras atrocidades fueron cometidas - según el Informe de la Comisión de la Verdad para El Salvador elaborado por las Naciones Unidas - por el Estado salvadoreño, su Fuerza Armada y los “escuadrones de la muerte” organizados y dirigidos por la derecha salvadoreña, incluyendo algunos de los fundadores del partido ARENA, insertado en el Poder Ejecutivo desde 1988.


A tres lustros de la firma de los Acuerdos de Chapultepec, la ciudadanía salvadoreña, en la nación originaria así como en la diáspora, conmemoramos tal loable acontecimiento. Dichos acuerdos y la paz resultante no fueron, sin embargo, algo gratuito, sino el resultado de arduos esfuerzos políticos a nivel nacional e internacional. Así, nuestra valoración debe de ser conmemorativa y crítica al mismo tiempo, y tomar en consideración los enormes y complicados retos que el proceso de paz salvadoreño confronta hoy en día.

El primero de estos retos lo constituye el hecho que estos acuerdos de paz se cumplieron de manera limitada en lo concerniente a los endémicos problemas sociales y económicos, sin resolver las raíces profundas de la injusticia social que originaron la guerra civil salvadoreña. Un segundo reto lo constituye el franco retroceso respecto al contenido y espíritu de los acuerdos de paz por parte del gobierno de ARENA y sus esferas de poder, principalmente en cuanto a la constante violación de los derechos humanos, la Constitución Política y otros ámbitos institucionales salvadoreños.

Pero el reto más espinoso de todos lo constituye la yuxtaposición de las anteriores limitaciones y retrocesos con la compleja crisis social y económica que ha resultado de la necedad histórica del régimen de ARENA de no impulsar un auténtico proceso democrático que garantice la equidad y el bienestar plenos de la ciudadanía salvadoreña. Dicha crisis resulta en la expulsión diaria de 700 personas, refugiadas económicas, quienes escapan de la falta de empleos dignos y la injusticia social derivada de - y perpetuada por - las políticas neoliberales de ARENA, políticas dictadas, asimismo, por el “consenso de Washington”.

Como resultado, 2,9 millones de personas (casi la mitad de la ciudadanía salvadoreña que reside en El Salvador) han emigrado a los Estados Unidos, Canadá, Australia, Europa y otros rincones del mundo -la diáspora salvadoreña-, a cuya costa, y gracias a su doble explotación (al generar riqueza en el exterior y al mismo tiempo generar el mayor rubro del PIB de la economía salvadoreña- el 16.67 % en 2005 de acuerdo al Banco Central de Reserva y las Naciones Unidas), el régimen de ARENA ha esquivado el estallido social y económico.

La garantía y vigencia plena de los acuerdos de Chapultepec, y una paz duradera, auténtica y estable que podamos legar a futuras generaciones salvadoreñas requieren de la superación de estos retos. Las diferentes fuerzas sociales, ciudadanas y políticas de El Salvador -en su territorio nacional y en la diáspora- están llamadas a consolidar estas justas aspiraciones históricas.

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