jueves, enero 18, 2007

A 15 años de Chapultepec: Mensaje del FMLN a la Nación

A 15 años de Chapultepec: Continúa la lucha por la justicia social y por la democracia

"Cuando los pueblos se ponen de pie y marchan hacia delante,no hay fuerza en el mundo entero capaz de detenerlos" Schafik Hándal

1. Significado histórico del Acuerdo de Paz

Hace quince años culminó una etapa decisiva en la larga y heroica lucha del pueblo salvadoreño por sus ideales de libertad, justicia social, democracia, dignidad y paz, y se abrió la posibilidad real de que el pueblo tuviese el papel que le corresponde en la conducción de los destinos nacionales.


El 16 de enero de 1992 se firmó en Chapultepec el Acuerdo de Paz que significó un pacto de refundación del Estado salvadoreño el cual, desde 1821, ha sido un instrumento al servicio de los minoritarios grupos de gran poder económico que oprimen a la mayoría del pueblo.

Uno de los logros del Acuerdo de Paz fue reconocer que el origen del conflicto armado en El Salvador tenia dos vertientes: 1) La persistencia de un régimen militarista y autoritario que cerraba a la ciudadanía los espacios políticos; y 2) La excesiva concentración de la riqueza en pocas manos, que originaba profundos niveles de pobreza para grandes contingentes de población y violación a los derechos humanos. Desde aquel 16 de enero, esos fenómenos arraigados en la sociedad salvadoreña han comenzado a ser erradicados. A pesar de las limitaciones y obstáculos que enfrentó su cumplimiento, es innegable que se desmontaron estructuras estatales de represión e impunidad. De esta manera, el Acuerdo fue más que el cese del enfrentamiento armado, pues sentó las bases para poner en marcha un proceso político de construcción de la democracia, con el objetivo de establecer un Estado de Derecho capaz de resolver y superar las causas del conflicto.

Fiel a sus compromisos asumidos en el Acuerdo de Paz, el FMLN se incorporó de manera dinámica y entusiasta a la actividad política del país. Hoy es imposible concebir el panorama social y político de El Salvador sin la presencia y enorme contribución del FMLN a los cambios que se están produciendo en nuestra nación. A través de su incansable labor parlamentaria, la acción de sus gobiernos locales y la elaboración sistemática de propuestas de políticas públicas, junto a una intensa actividad social, ideológica y organizativa que se despliega a lo largo y ancho del territorio nacional y se proyecta en diversos foros internacionales, el FMLN ha realizado una notable contribución al proceso de democratización de nuestra sociedad. El FMLN cumplió de buena fe y en los plazos pactados cada uno de sus compromisos y se convirtió en un factor esencial para la gobernabilidad democrática y la estabilidad política de El Salvador.

2. Evaluación del cumplimiento del Acuerdo de Paz

En su discurso del 16 de enero de 1992, Schafik Hándal sostuvo que nos encaminábamos por la ruta del Acuerdo de Paz a modernizar el Estado y la economía, a conformar un país pluralista política, económica y socialmente, como fundamento de una democracia participativa y representativa, de una paz estable y de una reinserción en el mundo, que permitiría a los salvadoreños emplear a fondo su proverbial laboriosidad y creatividad para impulsar un proceso de desarrollo económico social, con paz, justicia social y democracia.

Con su lucha, el pueblo salvadoreño logró derrotar la dictadura militar, someter la Fuerza Armada al poder civil, y crear espacios de concertación y libertades nunca antes vistos en nuestra historia. Las reformas constitucionales abrieron espacios a transformaciones institucionales y a reforzar la independencia de los poderes del Estado. Las fuerzas políticas de derecha, sin embargo, han bloqueado el enorme potencial del Acuerdo de Paz para crear un nuevo país, como señaló Schafik, y por eso no se ha logrado aún materializar en la vida cotidiana del pueblo los grandes objetivos de erradicar la pobreza y las desigualdades sociales, reunificar a la sociedad salvadoreña, establecer una verdadera democracia y garantizar el irrestricto respeto a los derechos humanos.

En efecto, el proceso ha sido entorpecido, detenido y en parte revertido por los sucesivos Gobiernos Areneros, en connivencia con ciertos sectores económicos dominantes. Por ejemplo, impidieron el funcionamiento del Foro de Concertación Económico Social, ignoraron totalmente las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, han mantenido en la miseria a los ex combatientes lisiados de ambos bandos y a los familiares de los caídos, emitieron una oprobiosa ley de auto amnistía y se dedicaron a desnaturalizar el papel de las instituciones surgidas del Acuerdo de Paz, sobre todo de la Policía Nacional Civil y el Tribunal Supremo Electoral. La derecha prefirió aprovecharse en beneficio propio del proceso de apertura política emanado de los compromisos de Chapultepec y orientó la acción del Estado en función de sus propios intereses económicos y políticos, generando exclusión social y profundizando la desigualdad.

Así se han impulsado – con el estilo autoritario propio de la etapa previa al conflicto armado y mediante nuevas formas de autoritarismo – decisiones y políticas que afectan de manera sustantiva las condiciones de vida de la mayoría de familias de nuestro país. Esta estrategia de promoción exclusiva y excluyente de intereses particulares ha sido ejecutada al margen y en contra de las normas más básicas de la institucionalidad democrática y la convivencia pacífica que fueron diseñadas en Chapultepec.

A nadie escapa que existe una profunda crisis nacional marcada por el deplorable estado de la seguridad pública, debido a la violencia y la impunidad, y por las desoladoras condiciones de vida de las mayorías, así como por un alarmante y progresivo deterioro de la institucionalidad estatal.

Enfrentamos un riesgoso proceso de quiebre del delicado mecanismo de pesos y contrapesos en el funcionamiento del Estado, evidenciado en la creciente subordinación de los Órganos Legislativo y Judicial, y de otras entidades estatales claves, a la Presidencia de la República y, además, nos encontramos en una situación de incondicional sumisión a los intereses del Gobierno de los Estados Unidos de América.

Estas realidades son producto del alejamiento de la derecha de los fines del proceso de paz, del establecimiento de un sistema político autoritario y de la instauración de un sistema económico neo liberal que centra sus afanes en el dinero y en la concentración de la riqueza en beneficio de unos pocos. La dignidad humana y las necesidades básicas de todas las personas han sido olvidadas en las altas esferas del poder.

3. Los retos del futuro

Sabemos que el pueblo salvadoreño vive en una situación de profunda desesperanza, a tal grado que hay un escepticismo generalizado sobre los resultados del Acuerdo de Paz y sobre el rumbo del país. Amplios sectores de la sociedad salvadoreña ven con profundo pesimismo el futuro, al experimentar un profundo deterioro de su situación económica y social, al sentirse totalmente vulnerables ante la imparable ola de delincuencia, y al ver frustrados sus intentos de ejercer sus más elementales derechos humanos y el acceso a la justicia.

Pero no debe perderse la esperanza, pues el proceso de paz, democratización y reconciliación de nuestra sociedad no ha finalizado. El FMLN, como organización popular, ha asumido como deber ineludible la materialización de los objetivos del Acuerdo de Paz y la consecuente promoción de la dignidad humana para todos y todas, manteniendo intacto su firme compromiso con el espíritu y la letra del Acuerdo de Chapultepec, en especial con los ideales de justicia social y reconciliación que necesitan del conocimiento pleno de la verdad y de la justicia.

El pueblo salvadoreño sabe que el FMLN ha luchado incansablemente por la paz y seguirá luchando junto a las mayorías de este país, por establecer en nuestra Patria la verdadera democracia y la justicia social, pues nos identificamos con sus más sentidas necesidades. También sabe que somos la única organización con la vocación y la capacidad de cumplir con los objetivos del Acuerdo de Paz, así como de generar un nuevo Pacto de Nación destinado a cambiar sustancialmente la grave situación actual y superar la crisis en que nos han sumido los Gobiernos de ARENA.

Vientos de cambio recorren América Latina, y nuestro país no será la excepción en esta ola de derrotas al neoliberalismo y al imperialismo. Los triunfos populares de países hermanos nos enseñan que juntos podemos vencer a quienes nos mantienen en la ignorancia, la marginación y la pobreza.

Por ello, hoy más que nunca, la lucha popular se debe enfilar con nuevos bríos hacia la transformación de un sistema social y económico injusto. Las y los salvadoreños debemos profundizar la Democracia y el Estado de Derecho, derrotar al autoritarismo, erradicar la corrupción, hacer transparentes y equitativos los procesos electorales, garantizar la seguridad ciudadana y combatir efectivamente la pobreza para obtener una mejor calidad de vida para la familia salvadoreña. En el futuro cercano, debemos cumplir el sentido más profundo de la soberanía popular trazado en el Acuerdo de Paz y lograr que sean las mayorías quienes dirijan el país hacia la democracia real, la justicia social y el respeto a los derechos humanos, como se pactó en 1992.

Recordamos y rendimos homenaje a los héroes y mártires caídos durante el conflicto armado y a los miles de hombres y mujeres de todas las edades asesinados y desaparecidos por la acción represiva gubernamental, incluso después de la firma de la paz. Asimismo, deseamos reconocer la entrega del pueblo salvadoreño a la construcción de una sociedad más justa y democrática, así como a todas aquellas personas que contribuyeron y contribuyen decididamente a la implementación del Acuerdo de Paz.

¡Ganamos la paz!

¡Sigamos luchando juntos por la justicia social y la democracia!

San Salvador, 16 de enero de 2007.

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