jueves, enero 18, 2007

Los desafíos de los movimientos sociales latinoamericanos

João Pedro Stedile

Miembro de la Dirección Nacional del Movimiento Rural de Trabajadores Sin Tierra (MST) y de Vía Campesina del Brasil. Integrante del Consejo de ALAI.

Nuestro Continente está viviendo un nuevo período en su trayectoria histórica de la lucha de clases y de enfrentamiento con el imperio; sin embargo, hay todavía mucha complejidad y poca claridad para comprender las características y la naturaleza de dicho período. Algunos ven que la revolución está a la vuelta de la esquina, quizás influenciados por el firme y radical discurso de nuestro querido Hugo Chávez o por los avances reales de la movilización de masas en Bolivia; para ellos, el imperialismo ya está derrotado y ahora de lo que se trata es de avanzar hacia el socialismo continental. Otros, al contrario, prefieren calificar a Chávez y a Evo de populistas, afirmando que estarían traicionando a las fuerzas de las masas movilizadas en el Continente que quieren avanzar, pero encuentran barreras en esos gobiernos. Finalmente, hay unos terceros que incluso creen que el único camino posible, ahora, en América Latina, es el camino de las reformas, del diálogo, de la ponderación, para ir acumulando fuerzas y provocando cambios por la vía institucional, de forma gradual.

La realidad latinoamericana y la situación de la lucha de clases es una sola. No podemos esconder lo que, de hecho, existe. Pero cada quien, a la luz de su mirada ideológica, puede plantear la interpretación y la descripción que quiera de esta misma realidad. Esta es la única forma de explicar porqué, incluso entre las fuerzas sociales y políticas de izquierda, hay tantas diferencias en el análisis de la realidad actual.

Una interpretación del período que vivimos

En la Vía Campesina y en el MST hemos hecho un esfuerzo modesto, y todavía por debajo de las necesidades, para tratar de entender de la mejor forma posible lo que está pasando en América Latina. De esta manera, en este espacio, me gustaría compartir con los compañeros y compañeras de los demás movimientos nuestras reflexiones colectivas.

De hecho, nuestro Continente vive un período histórico nuevo, diferente a otros momentos. A grosso modo , podríamos decir que América Latina ha atravesado por varios períodos en la historia reciente del siglo XX, marcados por características bien delimitadas.

Primer período

El primer período, podríamos decir, es el que va desde la crisis de inicios del siglo XX hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Así, a partir de la gran crisis que sacudió al capitalismo a nivel internacional, que condujo a las dos guerras mundiales inter-imperialistas, por disputas de mercados, este período de lucha de clases en nuestro Continente estuvo marcado por:

-La quiebra del modelo agro-minero-exportador y la implementación de los modelos de industrialización dependiente, aunque en forma tardía.

-El nacimiento de una burguesía industrial, local, con intereses propios, pero asociada a los intereses de la burguesía internacional.

-La hegemonía de gobiernos populistas que adoptaron regímenes políticos reformistas y buscaron acelerar los procesos de desarrollo económico, basados en la creencia del desarrollo nacional, aunque dependiente del capital extranjero.

-Este modelo, en algunos países, posibilitó un enorme crecimiento económico, representó el nacimiento de la clase obrera y con ella de la ideología socialista; sin embargo, trajo como consecuencia la urbanización violenta de nuestras sociedades y un modelo altamente concentrador de riqueza y ganancia.

-En este período se sentaron también las primeras bases de una ideología socialista de raíces latinoamericanas, con las contribuciones teóricas y prácticas de José Martí, Sandino, Mariátegui, y las experiencias de organizaciones socialistas y comunistas entre los obreros.

Segundo período

Un segundo período va desde la Segunda Guerra Mundial hasta la Revolución Nicaragüense. En este período se registran los siguientes acontecimientos:

-El fracaso del modelo de desarrollo del capitalismo nacional y de la hegemonía de las burguesías locales.

-La derrota del nazi-fascismo que fortalece las esperanzas en el socialismo.

-Se desarrollan grandes movilizaciones de masas en todo el Continente.

-Surgen movimientos revolucionarios (no necesariamente socialistas) que reivindican el poder para el pueblo.

-Hay un ascenso del movimiento de masas y de las ideas revolucionarías, que tuvieron su expresión más elevada en las Revoluciones de Bolivia (1952), Guatemala (1956), Cuba (1959), República Dominicana (1965), Chile (1970), y en las luchas fecundas que hubo en diversos países como Argentina, Brasil, Perú y en toda América Latina. Este proceso culminó con la victoria sandinista en 1979.

Tercer período

En un tercer período, la hegemonía del capital en nuestro Continente es total; la clase trabajadora es derrotada y se registra un declive del movimiento de masas. El capital imperialista recurre a dos movimientos complementarios en este tercer período histórico que va de la década del 70 hasta finales del siglo XX.

-Para enfrentar la ola revolucionaria, inicialmente, se impulsan regímenes militares en la mayoría de nuestros países.

-En algunos países del Caribe y de Centroamérica hubo intervenciones militares imperialistas directas que incluyeron invasiones armadas y la instalación de bases militares.

-En medio del proceso, a partir del final de la década de los 80, abandonan el poder los regímenes militares y nuestros países adoptan una democracia de fachada, implementando el modelo neoliberal. Este modelo, para nuestras economías, significa la subordinación a los intereses del capital internacional, ahora hegemonizado por el capital financiero y por las grandes corporaciones transnacionales.

-Para la clase trabajadora y para el pueblo de todo el Continente, éste es un largo período de derrotas: la Revolución Nicaragüense es vencida, se imponen los acuerdos de paz en Centroamérica e incluso se producen reveses electorales importantes en Brasil y Perú, que entregan la hegemonía total al capital financiero e internacional.

Cuando todo parecía estable y Fukuyama había pronosticado el fin de la historia con la victoria total del capital internacional, repentinamente el viejo Marx tenía razón: las crisis cíclicas de acumulación del capital, ahora se manifestaban con más fuerza y a nivel internacional. Las reacciones populares pasaron a tener también una mayor repercusión internacional. Las perversidades sociales que había engendrado el modelo neoliberal se hicieron más visibles; el pueblo comenzó a darse cuenta de que sus problemas de pobreza, desigualdad social, falta de tierra, desempleo, falta de vivienda y educación, sólo se habían agravado en estas dos décadas de dominación total.

Con estos antecedentes, podemos decir que a partir del nuevo siglo, entramos también en un nuevo período de nuestra historia continental. Y si antes, los períodos tenían una cierta particularidad local, influenciada por la correlación de fuerzas nacionales y el grado de acumulación política de la clase trabajadora en cada país, ahora tenemos un componente adicional: la correlación de fuerzas tiene cada vez más un carácter continental, lo cual explica porqué, a veces, los pequeños cambios, en un solo país, terminan influenciando a la correlación de fuerzas en el Continente.

Desde el 2000 hasta la fecha …

Las características principales de este nuevo período son las siguientes:

-Empezamos con pequeñas manifestaciones de resistencia popular, pero que tuvieron una simbología de rebeldía y de unidad continental muy grande, como la revuelta popular en Chiapas (1994), las movilizaciones en Seattle (1999), las revueltas populares en Ecuador, Bolivia y Argentina, durante los años 2000 y 2001, y el inicio de las ediciones del Foro Social Mundial que marcaron un proceso de unidad de las fuerzas populares frente al neoliberalismo.

-Todo esto desencadenó un proceso en el que los pueblos de nuestros países, las fuerzas populares y, sobre todo, las fuerzas políticas que hegemonizaron estos procesos, priorizaron la lucha electoral como campo de lucha y derrota del neoliberalismo. Mientras, el pueblo, entendiendo que todavía el movimiento de masas estaba en descenso y en desventaja respecto a la correlación de fuerzas, aceptó la salida de concentrar sus energías en la vía institucional. Prácticamente en todas las elecciones llevadas a cabo en el Continente a partir de 2002, que tuvieron como protagonistas a candidatos neoliberales y candidatos antineoliberales, los que se decían antineoliberales ganaron las elecciones, aunque después muchos de ellos se develaron en el poder como neoliberales. Felizmente, el pueblo volvió a derrotarlos en las calles, como ocurrió en Argentina, Bolivia y Ecuador.

-En este período histórico, que tiene como prioridad la vía institucional, se registran tres tipos de gobernantes bien definidos. En primer lugar, tenemos a los gobiernos progresistas y de izquierda, representados por Cuba, Venezuela y Bolivia. Ellos se enfrentan directamente a los intereses del imperialismo y del capital neoliberal. De otro lado, tenemos a los gobiernos progresistas, pero moderados, representados por Brasil, Argentina, Uruguay y Ecuador (en proceso electoral). Estos gobiernos mantienen una política ambigua en relación al imperialismo y al capital neoliberal; a veces se enfrentan a él, a veces hacen concesiones. En un tercer bloque, tenemos a los gobiernos conservadores que se suman a los intereses del capital neoliberal y del imperio en el Continente, representados por los gobiernos de Chile, Paraguay y Colombia, y en el norte, capitaneados por México y prácticamente todos los gobiernos de Centroamérica.

Esta es la situación, resultado de la actual correlación de fuerzas en el Continente. No estamos en un período de reactivación del movimiento de masas ni mucho menos de las ideas revolucionarias; estamos en un estado de prácticas de resistencia popular, de acumulación de fuerzas, de lucha con un enemigo aún muy poderoso, a nivel interno e internacionalmente. Incluso en el caso boliviano, en el que las masas alcanzaron un elevado nivel de movilización que desembocó en la victoria electoral de Evo Morales, con todo lo que él representa, el pueblo boliviano, en términos de la correlación de fuerzas para cambiar la economía y la sociedad, enfrenta condiciones adversas debido al poder de la clase burguesa, a nivel interno, con apoyos internacionales.

Desafíos para los movimientos sociales

Sin la pretensión de elaborar fórmulas, y mucho menos de dar lecciones a los compañeros y compañeras de otros movimientos, queremos compartir nuestras preocupaciones, en el sentido de que es necesario comprender la verdadera naturaleza de la correlación de fuerzas en el actual período, para poder estirar los pies hasta donde den las sábanas. Con esto pretendemos ir acumulando fuerzas para los cambios estructurales necesarios que rompan con el neoliberalismo y con el imperialismo. Este no es un mero acto de buena voluntad política; depende fundamentalmente de la acumulación de fuerzas reales, de la clase trabajadora y del pueblo, para poder implementarlos. De ahí que nuestros movimientos tienen por delante varios desafíos para concentrar energías y lograr acumular fuerzas, a fin de arribar a otro período histórico, que aún depende de la reactivación de las masas a nivel continental, la misma que abrirá las puertas a una nueva hegemonía que promueva un verdadero proceso de cambios sociales.

En este contexto, describo, de forma sucinta, los principales desafíos que tenemos por delante todas las fuerzas sociales en nuestros respectivos países:

a) Reanudar el trabajo de base, que eleve el nivel de conciencia política e ideológica de nuestra base social, y cree las condiciones para las luchas sociales masivas, que puedan desencadenar una reactivación del movimiento de masas.

b) Dedicarse cotidianamente, y de forma permanente, a la formación de nuestros militantes y cuadros, para que conozcan a profundidad nuestra realidad, sepan interpretarla a la luz de las enseñanzas clásicas, a fin de poder transformarla. Es urgente formar grandes contingentes de militantes de esa nueva generación joven que fue confundida por el neoliberalismo y los medios de comunicación de la burguesía.

c) Construir medios de comunicación de masas propios de los movimientos sociales, de los partidos y de las fuerzas populares. Necesitamos tener no sólo nuestros periódicos y radios, sino también acceso a la televisión y a todas las formas de comunicación de masas.

d) Debatir, profundizar el conocimiento y articular fuerzas alrededor de un nuevo proyecto de desarrollo popular. Todavía estamos lejos de un socialismo latinoamericano y no podemos esperar por él. Sin embargo, a la vez, necesitamos derrotar al imperialismo y al neoliberalismo. Hay un desafío a resolver en esta transición: ¿qué modelo económico necesitamos ir construyendo para derrotar las fuerzas del capital internacional, en este largo proceso de transformación de nuestras sociedades?

e) En este nuevo período histórico, necesitamos ser creativos; tomando en cuenta las transformaciones socio-económicas que el neoliberalismo y el imperialismo produjeron en nuestras sociedades, debemos construir nuevas formas de lucha masiva que enfrenten al capital. Sabemos que las formas clásicas como huelgas, paralizaciones o marchas, son insuficientes, y por ello necesitamos ser creativos. Requerimos desarrollar nuevos instrumentos de lucha que motiven a la gente, aglutinar a la juventud y dar un sentido de esperanza a nuestras luchas. Los sindicatos y partidos tradicionales han demostrado que son hoy instrumentos insuficientes para las nuevas tareas que el cambio de la correlación de fuerzas exige. ¿Cuáles son esos instrumentos que pueden combinarse con sindicatos, movimientos y partidos? ¡Nadie lo sabe! Pero deben ser creados; necesitamos organizaciones políticas y sociales de nuevo tipo, adecuadas a nuestra realidad, como en el pasado otros las impulsaron acorde con el tiempo que les tocó vivir.

Como ven, estamos trabajando con reflexiones, con desafíos, con incertidumbres, sin fórmulas o modelos pre-determinados. Por ello, necesitamos aprovechar todos los espacios colectivos y de unidad popular, en nuestros países y a nivel continental, como son las redes, las cumbres sociales, los FSM, para ampliar el debate, reflexionar, intercambiar y encontrar colectivamente las verdaderas salidas que puedan conducirnos a vencer los intereses del capital local e internacional. Mientras no encontremos las formas de superar los desafíos descritos seguiremos todavía, por mucho tiempo, en un período de resistencia y de acumulación de fuerzas.

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