miércoles, septiembre 26, 2007

“¿Miedo al cambio o miedo al destape?”

Publicado en Co-Latino
Mauricio Funes

¿Miedo al cambio?

¿Qué es lo que lleva al partido ARENA y al Presidente Saca a expresar un temor público al cambio?

¿Por qué la sola posibilidad de un cambio de gobierno asusta tanto al partido ARENA, al Presidente Saca y a sus más cercanos colaboradores?


Este miedo enfermizo al cambio proviene del sentido y la naturaleza de las transformaciones que una fuerza de oposición, de talante democrático y progresista, puede empujar a partir de los resultados electorales del 2009.

Incluso, de los cambios de ánimo y visión que ya se comenzaron a generar desde que esta posibilidad ha sido visualizada por la oposición en general y la izquierda en particular.

En las últimas semanas la mayoría de intervenciones públicas del Presidente Saca tienen un denominador común: insistir que en las elecciones del 2009 se juega la continuidad de las libertades o bien la implantación del comunismo en el país.

Esta visión polarizada parte de dos supuestos falsos que la misma realidad se encarga de desmentir: que ARENA ha construido desde el gobierno un régimen de amplias libertades, por lo que su salida provocaría un descalabro del sistema democrático y que la alternancia en el poder, medida por la llegada de un gobierno de izquierda en el 2009, conduciría a un caos sin precedentes y a la pérdida de estas mismas libertades.

ARENA y Saca vienen desde tiempo atrás intentando con éxito instrumentalizar a la opinión pública, haciéndole creer que el FMLN es sinónimo de retroceso y que independientemente del candidato a la presidencia que promueva, los hilos del poder serán manejados por una dirigencia autoritaria que acabará con los avances logrados durante todos estos años al aplicar un modelo político y económico, pensado y diseñado, desde afuera por Hugo Chávez o Fidel Castro.

Esta visión de la realidad, por demás simplista y sin ningún rigor científico y responsabilidad política, anticipa lo que será el instrumento de control ideológico que desde el poder del estado se utilizará en estas elecciones para controlar la mente de la población.

Como en el pasado, la derecha recurrirá en estas elecciones a la explotación del miedo para asegurarse el favor y respaldo del electorado.

Coherente con lo que asegura un reconocido luchador sudafricano: “el arma más poderosa del opresor es la mente del oprimido”.

El presidente Saca busca utilizar esta arma política, apoyado por los medios de comunicación controlados por la derecha, con la clara intención de influir en el ánimo de la población y decantar una decisión electoral favorable para el partido de gobierno.

Para hacerle frente a este recurso haría falta una presión ciudadana organizada como la que se expresó recientemente en Costa Rica y que dio al traste con un maquiavélico plan de dos de los funcionarios de gobierno cercanos al Presidente Arias.

Tal como lo hizo público la prensa costarricense, el Vicepresidente Kevin Casas y el diputado Fernando Sánchez, le escribieron al presidente Oscar Arias, a finales de Julio pasado, un memorando privado sugiriéndole articular una campaña del miedo que garantizara la victoria del “Sí” en el referendo popular del próximo 7 de Octubre orientado a consultar a la población si Costa Rica debe o no ratificar el TLC con Estados Unidos.

Según la propuesta de Casas y Sánchez, el gobierno debería promover “cuatro miedos” para alcanzar el respaldo mayoritario de los ciudadanos al tratado comercial en cuestión: miedo a la pérdida de empleo que generaría la no ratificación; miedo al ataque a las instituciones democráticas que se verían afectadas si el tratado no es ratificado; miedo a la injerencia extranjera que estaría detrás del “no”, propósito que se lograría conectando el “no” con Chávez, Castro y Ortega; y miedo al efecto que tendría sobre el gobierno un triunfo del “no”.

Para fortuna de los costarricenses y su democracia, los medios de comunicación filtraron la información y esto provocó una reacción organizada de la opinión pública que en principio ha acabado con la carrera política del vicepresidente Casas, poniendo en riesgo la legitimidad del propio presidente Arias, quién deliberadamente ocultó el memorando recibido.

Más allá de lo ocurrido en el vecino país, lo importante de esta experiencia es recordar que hace un poco más de 3 años, la derecha salvadoreña, apoyada en el trabajo fino de algunos ex militantes del FMLN que hoy escriben y trabajan para ésta, articuló una campaña similar basada en el temor y en la mentira.

No sólo la propaganda oficial sino muchos de los artículos de opinión y del contenido de una serie de charlas organizadas por el partido ARENA en algunas grandes empresas del país, tenían el firme propósito de propagar el “miedo” hacia la izquierda y a un eventual gobierno del FMLN, incluso, muy a pesar de que las encuestas de opinión no le concedían ninguna posibilidad de victoria a este partido político.

El resorte del miedo funcionó y aunque no explica por sí mismo el desempeño electoral del FMLN, con el fallecido líder Schafik Handal a la cabeza, no cabe duda que algún impacto tuvo en la conciencia de los electores, especialmente, de los indecisos.

Ahora es el propio Presidente Saca, actuando más como jefe del COENA que como mandatario, quién recurre a la propagación del temor para conquistar las voluntades de votantes cansados de 18 años de gobiernos de ARENA pero con alguna desconfianza en una probable gestión del FMLN.

La verdad que los salvadoreños no deberíamos tener miedo a la izquierda, aunque sí rechazo a que las cosas sigan igual de continuar ARENA en el poder.

En el fondo, el miedo de Saca no es el miedo de la población a perder sus libertades.

El miedo de Saca es el temor a que ocurran dos fenómenos imparables en el escenario probable de una alternancia en el poder: a que se destape la corrupción, que ha favorecido a los más cercanos colaboradores del mandatario, y a que acaben los privilegios concedidos desde el poder.

Por eso en estas elecciones no estará en juego la libertad vrs el comunismo.

Lo que deberán escoger los salvadoreños es entre el continuismo de ARENA, entre la permanencia de un Estado autoritario, excluyente y patrimonialista, o la posibilidad de construir un Estado social de derecho, que haga de la persona humana el centro y fin de la actividad y el quehacer público.

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